Boletín de la Biblioteca Nacional N° 33-34
12 con el tio Pío y demás familiares que se apegaron a las leyes vigentes en el Perú que sólo reconocían el quinto de una herencia a los hijos naturales, quie- nes tampoco tenían ningún derecho a la herencia de los demás parientes, y en el caso particular de Flora, ni aún a los de su abuela paterna. En el primer artículo citado, Andrade hace una peregrina afirmación : "En efecto Gauguin era biznieto del penúltimo Virrey del Perú, el rumboso don Mariano Tristán y Moscoso y, como tal, nieto de la bella e incandescente Flora Tristán. Se afirma por allí, con mucha imaginación y poca certeza, que pudo serlo, también de "monsieur Bolívar", más conocido entonces por sus extravagan- tes sombreros en media luna que por su nombre sonoro, a quien Flora Tristán dedicara sus primeras ternuras de muchacha en flor. Pero para Bolívar, oscilan- do entre una viudez inconsolable, un libertinaje desesperanzado y una secreta iluminación revolucionaria, Flora Tristán debió de parecerle demasiado verde to- davía. Sus encuentros en el Parque de Luxemburgo, a pocos pasos del hotel de los Tristán, no lograron apartar al melancólico americano de la triple atmós- fera de inseguridad, hastío y pesadumbre en que se debatía ... ". El señor Andrade, posiblemente no ha tenido hasta ahora la oportunidad de conocer lo que la misma Flora dice de Bolívar en sus "Peregrinaciones de una pa- ria", pues según ella misma relata, su padre murió cuando élla sólo contaba cuatro años y recuerda cuando siendo muy niña Bolívar visitaba a su padre. Así, pues, no pudo haber ninguna relación amorosa, ni de flirt, entre el "petit Bolívar", el joven venezolano que después sería el Libertador, y la graciosa niña de tres o cuatro años, hija de don Mariano Tristán y Moscoso. A raíz de la muerte de éste, el representante de la Corte de España en Pa- rís, tomó posesión de los bienes de Tristán, lo que es una prueba evidente de que Teresa Laisné y sus hijos carecían de título legal como presuntos esposa y he- rederos del opulento peruano, entonces súbdito español. Por esta intervención del gobierno español, la niña Flora tuvo que aban- donar París con su madre y su hermano y vivir en el campo hasta que tuvo 15 años. Fue a esa edad cuando su madre le reveló la irregularidad de su "matri- monio", a lo que se debía su pobreza de aquel tiempo. Flora, dotada de notable imaginación y de gran belleza se vio obligada a trabajar como obrera y en esas circunstancias conoció - a los 17 años - al grabador André Chaza!, a quien inspiró una viva pasión, que fue ampliamente correspondida. El mejor biógrafo de Flora Tristán, si no el más feliz desde el punto de vista literario, ha sido Jules L. Puech, quien en su libro "La vie et l'oeuvre de Flora Tristán" (París, Librairie des Sciences Sociales et Politiques, Marce! Riviere, 1925), ha desentrañado y se- guido la vida de esta interesantísima mujer. Puech sugiere que Flora fue aman- te de Chazal y reproduce -con motivo de las desavenencias surgidas entre ellos poco después - cartas de amor en las que Flora se despide, momentáneamente, de su amigo con frases como ésta : " ... Toda la noche no he hecho sino pensar en tí, estaba siempre contigo, no he visto sino a tí en la naturaleza. Adiós, ami- go de mi corazón, en la mañana te llamaba este corazón, te buscaba con los ojos, mi boca buscaba la tuya, mis brazos querían estrecharte contra mi pecho, sobre este pecho que no ha conocido el placer sino por tí. Pero, adiós! Te juro amarte siempre y darte tanto placer como te he hecho sufrir, adiós! amigo de mi alma ... " Pero la pasión terminó poco después de celebrado el matrimonio y que- daron dos hijos de recuerdo: Ernesto y Alina, esta última que con el tiempo habría de ser madre del pintor Paul Gauguin. Desesperada ante su fracaso matrimonial, carente de fortuna y ávida de aventura, Flora empezó una vida de vagancia. Declara ella misma que vagó por
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