Boletín de la Biblioteca Nacional N° 33-34

Brillo y Ceniza de Flora Tristán Por EMILIA ROMERO DE VALLE El escritor ecuatoriano Raúl Andrade, ha publicado en México, dos artículos titulados "Gauguin o el embrujo del Trópico" ("Excelsior", 10 enero 1964) y "Cla- roscuro de Flora Tristán" ("Excelsior", 21 enero 1964). Estos artículos han des- pertado, sin duda alguna, la curiosidad de muchos lectores. Pero dentro de la novela en que Andrade envuelve la figura de la precursora del socialismo, Flora Tristán - admirable en los últimos años de su vida, terrible en su vida familiar - hay muchas informaciones inexactas y que se prestan a falsas interpretaciones, pues Andrade parece que sólo a últimas fechas ha descubierto a la abuela del pintor Pablo Gauguin. Flora Tristán nació en París, no a fines del setecientos, como dice Andra- de, sino el 7 de abril de 1803. Su padre no fué "hijo del penúltimo Virrey del Perú", como también afi.rma Andrade, equivocadamente. Se llamó Mariano Tris- tán y Moscoso y era hermano mayor de don Pío Tristán, a quien se le dió el título de "último Virrey del Perú", un poco caprichosamente, pues jamás fué Virrey, en el sentido oficial de la palabra. Don Pío (nacido en Arequipa el 11 de julio de 1773 y muerto en Lima el 24 de agosto de 1859) debió ese título a que, siendo él leal servidor del monarca español y brigadier en los ejércitos rea- listas, al ser hecho prisionero el último Virrey, don José de La Serna, después de la batalla de Ayacucho en 1824, la Audiencia del Cusco le concedió el mando de las provincias del Sur mientras se aclaraba la situación, y en esta calidad se dirigió al Libertador Bolívar, el 24 de diciembre de 1824, pidiéndole que manifes- tase cuáles eran sus propósitos para la futura suerte del país. No ejerció, pues, ninguna autoridad efectiva, sino que tuvo un cargo puramente imaginario que duró sólo unos pocos días. Establecida la república, don Pío, poseedor de una gran fortuna, continuó manteniendo una :'ituación prominente en la política del sur del Perú. La madre de Flora, una mujer francesa llamada Teresa Laisné -- quien conoció a don Mariano Tristán en España - había emigrado huyendo de los excesos de la Revolución Francesa. Es muy probable que en su viaje a España fuese como acompañante o sirvienta de alguna noble francesa, pues en momen- tos de solicitar el permiso de matrimonio para casarse con don Mariano - ya que en aquella época el Rey era amo y señor de los destinos de sus súbditos, aun en el terreno más íntimo y personal no le fué concedida esta licencia, lo que prueba que el monarca o sus consejeros la juzgaron indigna de entroncarse con un miembro de la poderosa familia perulera de los Tristán. Flora, a pesar de su curiosa vanidad en este aspecto familiar, jamás pu- do presentar el testimonio del matrimonio de sus padres y declara ella misma que contrajeron un matrimonio clandestino. Fué esta la causa de su rencor

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