Boletín de la Biblioteca Nacional N° 31-32
33 huallpa con su padre, y era de más edad que Guasear". Y en la p. 264-265 de la misma obra vuelve a decir : "Guasear era hijo de Guayna Capac, y Atahuallpa también. Guasear de me¡¡os días, Atahnalpa de más años. Guasear, hijo de la Coya, hermana de su padre, señora pr:incipal; Atahuallpa, hijo de una indh Quillaco, llamada Tupac l"alla. El uno y el otro nacieron en el Cuzco, y no en Quito como algunos han dicho y aun escripto para esto, sin lo haber entendido corno ello es rm·:r',11. Lo muesLra, porque Guayna Capac, estaba en la conquista. de Quilo y por aquellas tit::rras aun uo doce aüos, y era Atahuallpa, cuando mu- rió, (de) más de treinta años; y seüora de Quito, para decir Jo que ya cL1entan que era su madre, no había ninguna, porque los mesmos Incas eran reyes y se- f1ores del Quito (a) y Guasear nació en el Cusco, y ALahuallpa era de cuatro o cinco años de más edad que no él. Y esLo es lo cierto y lo que yo creo". Y en la p. 125 de "La Crónica del Perú (Madrid, Calpc, 1923 J dice asimbrno el mismo Cieza : "Más acielante están los aposentos de Carnngue, :J.clonde algunos quisie·- ron decir que nasció Atabaliba, hijo de Guaynacapa, aunque su madre era natural deste pueblo. Y cierto no es así, por qne yo lo procmé con gran diligencia, y nasció en el Cuzco Atabaliba, y lo demás es burla". En tiempos posteriores Markham, que también es un historiador serio, en "Los Incas del Perú" (Ed. Lima, 1922, p. 206, nota 2) dice : "Por cierto que no puede ser verdhd"ra la Lradición que hace a ia madre de Atahualpa natural de Quito o princesa de este reino, pues aauel era un hombre adulto antes de salir del Cuzco. De haber nnciclo en Quito, habría contado sólo ocho o diez aífos a la muerte de su padre". Es muy inLeresanLe el capiLLllo de Religión, en que trata de interpretar el mundo espiritual de aquellas gentes que, incluso, llegaron a concebir un dios creador supremo, a quien llamaron Viracocha. Pero creo que Mason disminuye la importa:ncia del culto a la Luna, o Mama Quilla, pues hay un hecho muy in- teresante sobre esLc r,ulto, correspondiente a la costa. La rápida conquista del territorio peruano por lm; últimos Incas, a partir de Tupa<: Yupanqui algo realmente sorprendence se debió en gran parte a que todos los pueblos y tri- bus sometidas tenían un sistema familiar y social idéntico, basado en el ayllu, y la conquista fue propiamente la unificación y confederación de esos ayllus. Así, pues, cuando Tupae Yupanqui quiso celebrar la paz con algunos de estos pue- blos ele la costa y q ni:so imponerles -- como era c;u costumbre - el culto del Sol, el alegato presentado en contra fue el de que ellos no podían adorar al Sol, que los quemabH, pues sus dioses eran la Luna y el mar, que los refresca- ban; y sólo después de grandes discusiones pudieron llegar a una transacción. Este curioso e interesante incidente es relatado por Joyce en su "South Ame- rican Archaeology" que, aunque superado, contiene algunos datos que deben to- marse en consideración, como esta discusión muy significativa en aquellos tiem- pos y entre pueblos de formación mental y religiosa primitiva. Es muy importante el capitulo dedicado al arte te::W, que en el Perú al- canzó enorme adelanto. Mason dice : "Resulta difícil escribir sobre el arte pe- ruano del tejido sin utilizar frases superlativas y sin correr el riesgo de parecer exagerado o de tomar partido. Los peritos textiles (no solamente los arqueólogos entusiastas) dicen que los anti~.,uos peruanos utilizaron prácticamente todas la;; \::) Alude a López de C6mara - dice J;ménez dP- la Espada en esta nota -- y en especial al capítulo de "u Histor:a. titulcdo Linaje de Atabaliba. El P. Velasco, en su "Historia de Quitan ~i6uió y amplificó la opinitir1 de Górn::tra, din" 11ue Ja rejna de C)uito se llamaba S:•yr; Paccha.
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