Boletín de la Biblioteca Nacional N° 31-32

16 labores de la institución. Su obra se concretó, en consecuencia, sólo a la pre- vención de la viruela mediante la aplicación de la vacuna, llamada comúnmente, entonces "fluído vacuno" y a la fiscalización del funcionamiento de hospitales y hospicios. En cuanto a lo primero, hubo a veces sincronización en la labores, entre los prefectos y los miembros de las Juntas. El Prefecto de Arequipa, Gene- ral Antonio Gutlérrez de La Fuente, ya había sentado un buen precedente sobre el particular por el año 1829 al disponer la aplicación de la vacuna en toda la circunscripción del departamento a su mando y para hacerla más efectiva logró del Obispo la expedición de un decreto por el cual no se otorgaría colación en los beneficios de concurso, a los párrocos que no hubieran aprendido el arte de vacunar, ni hubiesen cumplido con su misión humanitaria (26 J. No obstante las medidas adoptadas, no se cumplió en muchos casos con las disposiciones perti- nentes, sea por negligencia de las autoridades o por las dificultades devenientes de los escasos o deficientes medios de comunicación de la época. Así, por el mes de febrero de 1832 había escasez del preventivo en el Cuzco y hubo necesidad de que la Junta obligara, por medios coactivos, a los subprefectos y goberna- dores para el envío de listas de los infantes tratados (27 J. No conforme con esto la Junta elaboró, meses más tarde, un reglamento por el cual se disponía: 19 el nombramiento de un comisionado que debía recorrer los pueblos del depar- tamento, para verificar su aplicación; 29 se le asignaba un sueldo de cincuenta pesos mensuales, por la labor realizada; 39 al salir del pueblo debía llevar la vacuna en brazo, instruyendo a los curas o autoridades para la mejor conser- vación del fluído y 49 para fines de mejor control, debía llevar un libro con las anotaciones sobre el lugar, el día y circunstancias de su aplicación. El Prefecto debía ser, en última instancia. la autoridad encargada de hacer cumplir estos dispositivos ( 2s). La obra hospitalaria realizada por las J·untas Departamentales no tuvo mayor trascendencia, tanto por la escasez de rentas para su sostenimiento, cuan to por la incapacidad y negligencia de los encargados de realizarla. Podemos men- cionar, sin embargo, algunas de las realizaciones cumplidas por la Junta del Cuz- co. Expidió un Reglamento para el mejor funcionamiento del Hospital General del Espíritu Santo, para hombres; reabrió el Hospital de San Andrés, para mu- jeres, destinado hasta entonces a menesteres ajenos a su función específica. Se remozó su local, se reorganizaron sus oficinas, se le dotó de medicinas, de un personal adecuado y esto determinó que por el año de 1832 contara con noventa camas, una renta anual de ocho mil pesos y que atendiera, en condiciones muy aceptables a setenta pacientes ( 29 J. En lo que toca a la Junta de Arequipa realizó una labor igualmente acep- table. Por conducto del gobierno se asignó rentas provenientes del convento su- preso de San Camilo al Hospital de San Juan de Dios y se dispuso, simultánea- mente, que las obligaelone:s de misas contraídas con ese convento se celebrasen en ,¡¡; capilla La situación de los centros asistenciales de Lima era bastante critica. El 1·0ntrol de los hospitales dependía desde 1826 de la Dirección de Beneficencia, institución creada por un decreto del Presidente del Consejo de Gobierno, Dn. Hipólito Unánue. Derog,ada esta ley, pasaron a ser administradas por un Ins- pFctor, quien por rns malos manejo.s precipitó la crisis. La Junta Departaroen- í ·¿fi J ·'.El l-i'.efHll.illcin1u". Arequipli. N9 el:.!, L 4" Sáb1'.do 8. VIII.1829 (27) ··La Minerva del Cuzco". N9 23, t. 3'1 Sábado 4.II.1832. (28) "La Minerva del Cuzco" NI' 44. t. 4" Sábado 29. Vl.1833. (29) "Eí Conciliador" Lima. Nº 52. Miércoles 4.VII.1832.

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