Boletín de la Biblioteca Nacional N° 29

Nicolás Antonio: Bibliógrafo Peruanista por LUIS AGUSTIN CORDERO del Departamento de Investigaciones Bibliográficas Sin asomo de duda, podemos decir que en el fontanal bibliográfico de la conquista y coloniaje del Perú e Hispanoamérica, emerge, con méritos peculiares, la Bibliotheca Hispana Nova del presbítero y Caballero del Hábito de Santiago, Don Nicolás Antonio. De allí que, un preclaro estudioso haya dicho acerca de su obra : "Al hablar de las fuentes de historia de la Conquista se ha señalado ya las prin– cipales fuentes bibliográficas y a partir de León Pinelo en 1629 y continuando con las Bibliografías clásicas de Nicolás Antonio, Gonzales Barcia ... " ( 1). O sea, que dentro del conjunto se le considera como uno de los de mayor estima y como modelo digno de imitación para la posteridad. Pero, seamos ordenados y comencemos esta entrega observando a nuestro personaje en su dimensión personal, humana. Sevilla es una ciudad hispana en donde -según los poetas- entra un río de plata. Pues bien, en ella vió la luz primera, Antonio, en el año 1617, "añádese que fue en 28 de Julio, y fue baptizado (sic) en el Sagrario de la Catedral por el maestro Benito Fernández de Burgos, cura, lunes 7 de Agosto de dicho año" (2). Su padre también llamado Nicolás Antonio, fue Almirante de, la Compañía Naval; la madre, asimismo hispalense, Dña. María Bernal. Su infancia transcurrió como corresponde a su época, dentro de la mayor tranquilidad, hizo los estudios ele– mentales y de latinidad en el Colegio de Sto. Tomás regentado por los frailes dominicos. Tuvo como maestro al célebre y erudito Fr. Francisco Ximénez. Lue– go de concluídos sus estudios en la Facultad de Artes y Teología, pasó a Salaman– ca, que era la Universidad epónima de la intelectualidad de entonces. En la primera institución cultural salmantina, se matriculó en la Facultad de Derecho, en donde recibió lecciones de Francisco Ramos Manzano; doctorán– dose poco después. Por este tiempo, se dice que tuvo su primer desilusión en el campo de las letras, ya que, habiendo comenzado un trabajo acerca de los nom– bres propios existentes en las Pandectas, le informaron que otra persona se ocu– paba de lo mismo y al parecer lo tenía más adelantado. Después de este contra– tiempo, concibió la ardua tarea de formar un índice de literatos españoles de su tiempo y de la época antigua, remontándose hasta el siglo de Augusto. Para efectuar mejor el trabajo propuesto, regresó a Sevilla, en donde consultó abun– dante material manuscrito y antecedentes bibliográficos, los cuales serán citados honestamente. El principal fondo que consultó fue el de la Biblioteca de San Benito. Y se dió a la tarea (1649) que habría de ser de toda su vida : La Bi– bliotheca Hispana. ( 1) Porras Barrenechea, Raúl. Fuentes históricas . . . p. 203. (2) Gallardo, José Bartolomé. Ensayo de una biblioteca española. T.I., p. 220.

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