Boletín de la Biblioteca Nacional N° 28
7 materias del plan primario y secundario, conocimientos todos ellos básicos para la dirección de una biblioteca escolar. Pero luego hay también las especializa– ciones en bibliotecas públicas y de economía política, de sociología, de derecho, de medicina, de administración pública, de planificación del desarrollo económi– co y social. Integrar la educación bibliotecaria con otros tipos de educación para resolver los problemas actuales del país es, sin duda, un imperativo de nuestra Escuela. El ciclo que conduciría al doctorado en bibliotecología tendría, entre otras, la función de hacer de nuestra Escuela una institución universitaria de pleno de– recho, pues tal ciclo haría posible la investigación. Allí se llevarían a cabo, las investigaciones que el país reclama en el campo de las bibliotecas en general, al mismo tiempo que se prepararía superiormente al personal hábil para cumplirlas una vez egresado de la Escuela. La Escuela podría ser órgano de la planificación de la política bibliotecaria del país. Allí se prepararían los supervisores y orien– tadores de las bibliotecas de provincias y los documentalistas que reclama la actual explosión científica. Allí, finalmente, se concedería el grado de doctor en biblio– tecología, grado sin el cual ninguna institución alcanza plenamente la categoría de universidad. Unas palabras breves sobre otra tarea importante, que seguramente ha sur– gido ya en la mente de todos ustedes. En las condiciones actuales, se requiere la capacitación de emergencia del personal no profesional que sirve en las biblio– tecas públicas del interior del país. Las visitas que bibliotecarios de nuestra Casa han realizado en 1963 a varias provincias, en cumplimiento del programa esta– blecido por la Biblioteca Nacional para el Fondo San Martín, han revelado reite– radamente, en la forma de precisiones inestimables, aquello que sabíamos a priori; a saber, que tales bibliotecas carecen de personal preparado técnicamente, aun– que muchas veces dotado de extraordinario fervor, imaginación y energía. Es de todo punto de vista necesario pues que establezcamos cuanto antes cursillos de capacitación para el personal en servicio, cursillos que desde luego no harían acreedores a quienes los siguieran a título profesional alguno. En suma : cuando las situaciones sociales son complejas y diversas, los sis– temas educativos de un país no pueden mantenerse rígidos. Un sistema, uno solo, inflexible, monolítico, implacable, carece de los matices indispensables para articu– larse con la realidad y para servir eficientemente al país y a estudiantes y a pro– fesionales. Este carácter de unidad pétrea y cerrada es una de las causas que aislan nuestros sistemas educativos de la historia que vivimos Y de sus tareas y desafíos. Iluminemos nuestros sistemas educativos con las luces varias del es– pectro de la cultura actual del país. Rememoramos ahora esfuerzos de largos años y las recordaciones nos alien– tan con el brillo de las hazañas que hasta ahora ha cumplido la profesión biblio– tecaria. Levantemos el propósito de que esta ocasión sea, además, un convivio de esperanzas, de recogimiento para la crítica severa de nosotros mismos, de hu– mildades esforzadas. Ejercer una profesión significa ante todo profesar una fe. Toda profesión ha de ser concebida como una tarea permanentemente inacabada, como un patrimonio de saber y acción siempre perfectibles, como una respon– sabilidad que aun no se ha cumplido y que ninguna generación podrá jamás ago– tar completamente.
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