Boletín de la Biblioteca Nacional N° 28

79 su sobrina prelicta María, tres maletas conteniendo los libros que recibiera de Europa y EE.UU ., con dedicatorias elogiosas, y sus escritos inéditos y gruesos fa– jos de papeles en los que encerraba su alma entera. Por ello me apresuré a en– tregar ese tesoro a la Biblioteca Nacional. Y fue José María quién sintiéndose morir me confió a sus dos hermanas mayores, trastornadas por la pobreza y el hambre, y pronto les hallé un rincón dulce y apasible, hasta que llegara el mo– mento de conducirlas al recinto del eterno descanso. Tal es la suerte de los poetas, y la recuerdo adolorido cuando surgen en mi imaginación José María Eguren y José Santos Chocano, Juan de Arona y Vallejo, Martínez Luján y tantos otros. Nada deploro tanto como no haber escrito totalmente mis Memorias, las que avancé hasta concluir mis narraciones del Colegio de los P. P. Jesuítas para ingresar a un plantel de Ingeniería. Años después empecé a escribir, a trozos y desordenadamente, páginas y más páginas llenas de vacíos, y en mis últimos tiem– pos pensé publicarlas tal como estaban. Felizmente, y por obvias razones, las puse en manos del Dr. Carlos Cueto Fernandini, para que fuera él quien decidiese el número de año que debían permanecer ocultas, y si tal vez saliesen a luz un día endulzadas por el tiempo, que sabe curar las heridas. Bueno es publicar Memorias, pero con lealtad, para conocimiento de todos, y justicia hecha a quiénes pecaron. Luis Alayza y Paz Soldán. La Biblioteca Nacional del Perú a Don Luis Alayza y Paz Soldán Melancolías intensas, aquietadas sin embargo por el fácil señorío de las palabras que las inspiran, habrán inundado el ánimo de quienes acaban de escu– char por primera vez el documento por medio del cual Luis Alayza y Paz Soldán hace entrega de valiosas especies bibliográficas a la Biblioteca Nacional del Perú. Afirmo, sin temor de incurrir en las equivocaciones de la exageración, que jamás donación alguna a esta Casa ha sido enmarcada por expresiones tan conmovedo - ras y que tan cabalmente reflejan una suprema madurez de estilo. Llega a su suprema madurez el escritor que, capaz de borrar de su habla todo el rumor de las palabras, dispara sobre la mente del lector, silenciosas y originales, las signi– ficaciones mismas que transmite. Es escritor de veras quien suprime las barreras de la interlocución y sorprende a quienes lo leemos con pensamientos y emocio– nes que no parecen haber sido trasladados a nosotros sino nacidos en nosotros mis– mos, abolida la interinsularidad de la comunicación, transubstanciados autor y lec– tor en la eucaristía de las significaciones solidarias. En este documento, breve y hermoso, Alayza prueba que es un escritor de veras, en plena madurez, uno de los más brillantes y fecundos del Perú contemporáneo. Releídas y repensadas las significaciones que este documento esconde con las claridades de un tornasol, el lector se encuentra enfrentado de pronto cara a cara con algunas de las grandes cuestiones referentes a la vocación del escritor, a la naturaleza y destino de- su obra y también a las dolorosas ei inevitables frus– traciones inherentes a un oficio que, cuando se practica con autenticidad, arroja una obra siempre menor a aquella que la experiencia de la vida habría hecho posible. En este documento, que de modo tan natural resulta un compendio auto– biográfico, Alayza y Paz Soldán relata los orígenes de su vocación de escritor. Un

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