Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27

57 bajo realizado en función de las necesidades del propio trabajador, y, segundo, el trabajo realizado una vez satisfechas las necesidades primordiales del indi– viduo, es decir el trabajo suplementario que era aprovechado por el Estado y la Iglesia, pues a base de la división de este trabajo se hacía la división de las tie– rras, o viceversa. El trabajo necesario se efectuaba en las tierras de la Comu– nidad o tierras del pueblo y el trabajo suplementario en las llamadas tierras del Inca o sea del Estado y en las tierras del Sol, más propiamente tierras del culto o la religión. En el primer caso se produce, además, el sistema de ayuda mutua, el Ayni, que consiste en la ayuda que cada familia, o cada individuo, prestaba a sus vecinos con cargo de reciprocidad. Para el cultivo de las tierras del Inca o de la religión se empleaba el sistema de la Minga, mediante el cual concurría to– do el pueblo, haciendo del trabajo una verdadera fiesta para evitar el desagrado de una obligación que podía haber sido molesta y asegurar, de esta manera, el aprovechamiento de lo que en la economía moderna se conoce como plusvalía. Por otra parte, como tributo al Estado todos los varones adultos entre 25 y 50 años estaban obligados a prestar sus servicios por un tiempo determinado en las obras de bien común. Nos referimos a la institución que los incas deno– minaron Mitachanacuy. La Mita consistía, pués, en la prestación del servicio personal, al Estado o al soberano en trabajos temporarios y sin remuneración y se acomoda a una forma de imposición del principio normativo de la acción a base del esfuerzo colectivo en beneficio de la Comunidad. El derecho de impo– ner tributo se funda en las necesidades del Estado y es el mismo fundamento que motiva el impuesto en los estados modernos. En la sociedad actual el trabajo forzado se considera vejatorio e ilegal y ha sido reemplazado, al contarse con otros elementos, por los impuestos y su aumento proporcional; pero la figura más aproximada a la Mita la encontramos en el servicio militar obligatorio, cuya diferencia sólo estriba en la falta de tra– bajo industrial y específico. El sistema de la Mita era empleado para los tra– bajos en las minas, el cultivo de las cementeras de coca, las obras públicas y el servicio militar. En la cultura inca Religión, Economía y Estado están ligados íntimamente. En realidad, la religión se identifica con el régimen social y político, teniendo co– mo rasgo fundamental -ya desde las culturas precedentes- el colectivismo teo– crático. La iglesia había cobrado el carácter de una institución social y política. A pesar que la Iglesia era el estado mismo, la religión incaica no violentó los sentimientos ni las costumbres de los indios y no obstante el sincretismo y los cambios que sufrió la religión en el proceso cultural del antiguo Perú, la religión incaica se mantuvo casi exenta de abstracciones complejas sobre sus formas ori– ginales de alegoría moral, más ética que metafísica; los ritos incásicos siguieron reposando sobre la primitiva religiosidad de antecesores. El sistema religioso de los incas fué un sistema sincrético, es decir que tomaron de las religiones prece– dentes ciertos fundamentos, incluso algunos dioses, subordinándolos naturalmen– te, a la supremacía del Sol, aunque en los últimos años del Imperio, en la época de Pachacutec, se reconoció a Wiracocha, un antiguo dios, como divinidad su– prema. Para los incas el Universo era limitado, por sobre el cual existía un dios demiurgo, Wiracocha, que hizo el mundo a partir de tres elementos fundamen– tales : agua, tierra y fuego. A la vez el Universo estaba dividido, dentro de una concepción ya concreta, en tres regiones bien definidas : el Mundo de arriba, Janan Pacha, habitado por los seres celestes, los dioses Sol, Luna, Estrellas, Arco Iris y Rayo; el Mundo de aquí o Cay Pacha, habitado por los seres vivos, el hom-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx