Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27

51 tradiciones de Ayacucho, Nasca y, posiblemente, Tiahuanaco y no en las cultu– ras más antiguas del mismo valle del Cuzco. Siguiendo una línea diferente, Tiahuanaco se desarrolla en la cuenca bo– liviana del Titicaca a partir de ciertas formas relacionadas con el Horizonte Temprano y, probablemente, debido a la influencia un tanto tardía de una cul– tura cuyo estilo de cerámica es conocido con el nombre de Pukara, que existió en la región de Puno. En su fase expansiva excedió los límites del Altiplano y com– prometió con sus formas un área también bastante extensa : Puno, Arequipa, Arica, el Norte de Chile, todo el interior de Bolivia y parece que el noroeste de Argentina. Deriva después en formas cuya relación es aún bastante confusa y que nada tienen que hacer con el área septentrional. IV.-Los factores de unificación que se advierte en la expansión Wari, o Tiahuanacoide, perdieron su fuerza, dispersándose más tarde en una pluralidad de nuevos estilos, bastante complejos pero identificables por su origen. Primero se produjo la simplificación de las formas tiahuanacoides para luego combinarse con las expresiones emergentes hasta dar como resultado la formación de tres estilos. Estos se definen en el Período de la Segunda Diversificación (Período In– termedio Temprano de Rowe), que se inicia alrededor del año 1,200. Caracteriza este período la aparición de las culturas Chimú en la Costa Norte; lea-Chincha, en la costa Sur e Inca en la región del Cuzco. Es en la costa donde mejor se conoce esta diversificación. Es posible estudiar paso a paso la formación de los estilos Chancay e lea-Chincha, ambos derivados del Tiahua– nacoide Pachacamac y en cuanto al estilo Inca Provincial o Killke no hay razo– nes para negar que se haya formado en Cuzco por análogo proceso. La cultura Chimú, que se constituyó en un verdadero reino, en su momen– to de mayor extensión llegó a comprender todos los valles desde Tumbes hasta Carabayllo y se alió en la Sierra con Cajamarca, que parece haber sido también un Estado poderoso aunque más pequeño que Chimú. Los hombres de Chimú fueron inmejorables ingenieros y artesanos de excelente técnica, basta ver su cerámica, los objetos de metal, joyas de oro, turquesas y esculturas de ma– dera que fabricaron. Chanchan, la ciudad capital es un ejemplo de urbanismo, de calles rectas y jardines irrigados entre los edificios y maravillosos frisos mo– delados en relieve que adornan los grandes palacios. La producción no fué, como en los períodos anteriores, para uso religioso, para culto a los muertos o para las pocas familias privilegiadas, fué más bien para uso diario y del pueblo. La igual– dad de la mujer es otro rasgo de esta extraordinaria cultura. Es probable que los incas adoptaran de Chimú el sistema de gobierno a través de una nobleza hereditaria local, el sistema de planificación regular de las ciudades, la produc– ción en masa, ciertas técnicas del trabajo en metal, y el refinamiento de los tejidos de plumería. La conquista incaica tuvo lugar entre 1,462 y 1,470. El poder y esplendor de Chimú ha desaparecido para siempre, también ha desaparecido ya su lengua, la lengua yunga o mochica de la que, sin embargo, queda una interesan– tísima gramática escrita en 1,644 por Fernando de la Carrera; pero sus descen– dientes aún pueblan los mismos valles y sobreviven muchos rasgos de su antigua tradición. V.-La formación del Imperio de los Incas y su expansión militar trajeron la unificación de toda el área co-tradicional. Si bien es cierto que los conquis– tadores incas aprovecharon las ideas y algunas instituciones de los pueblos que dominaron, crearon, sin embargo, muchas instituciones nuevas y originales, adaptándolas maravillosamente a las necesidades que surgían de la propia ex– pansión y, además, orientaron su política hacia una unificación cultural de su territorio, que vió truncada con la llegada de los conquistadores espafí.oles.

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