Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27
so peruana sino con el Horizonte del Tiahuanacoide. La aleación del cobre y el esta– ño aparece tardíamente en al Costa peruana. La Tumbaga tiene su más alto grado de desarrollo en Colombia, en Panamá y Costa Rica, y fué conocida en el Perú en horizontes posteriores. La orfebrería colombiana, la más notable de América, in– fluyó marcadamente en la orfebrería Chimú, demostrando un arribo relativamen– te tardío. El uso del plomo data de una época inmediata al Imperio de los Incas. (Rivet, Paul y Arsandoux, H., La métallurgie en Amerique précolombienne, París 1940). III.-Después de algunos siglos de relativo aislamiento, hacia el año 900 de nuestra era, los diferentes núcleos del área entran en un período de inter– cambio cultural y comercial intenso, aun entre lugares tan alejados como Aya– cucho y el Titicaca. Estas relaciones y el contacto con las nuevas formas y ele– mentos culturales hicieron perder, paulatinamente, a las culturas antes mencio– nadas su ascendrado regionalismo, a la vez que una tendencia general hacia la unificación inicia una nueva era revolucionaria que se conoce con el nombre de Horizonte Medio de la Cultura Andina. Una corriente cultural a la que se ha denominado Tiahuanacoide, es decir semejante al Tiahuanaco, se expande por todo el territorio andino superponiéndose a las tradiciones regionales e introdu– ciendo nuevos elementos culturales como la planificación habitacional, un ma– yor desarrollo de las poblaciones que se constituyen en verdaderas ciudades -por lo que podríamos señalar a este horizonte como la etapa de la revolución urba– na-, el conocimiento del bronce, una rica tradición alfarera y textil policro– mada, una concepción estética muy estilizada a base de representaciones simbó– licas, un sentido religioso muy marcado y una frecuencia inusitada de monoli– tos esculpidos. Realmente, no existe mayor relación entre la Expansión Tiahuanacoide y Tiahuanaco. Cuando se descubrieron las manifestaciones tiahuanacoides se cre– yó que eran derivadas de la cultura Tiahuanaco, luego la confrontación de las formas que Uhle había hallado en la costa con las del Altiplano permitieron efectuar una diferenciación entre "Tiahuanaco de la Costa" o "Tiahuanaco Pe– ruano" y "Tiahuanaco de la Sierra" o "Tiahuanaco Boliviano". Bendel C. Bennett identificó al conjunto peruano con las manifestaciones de Wari en Ayacucho y, por último, las investigaciones de Lumbreras a partir de este mismo sitio arqueo– lógico ponen en claro las diferencias: El estilo Wari o Tiahuanacoide, que pa– rece haber tenido su centro de irradiación en la región de Ayacucho, donde lle– gó primero, como importación, tiene una difusión muy extensa, hacia el norte hasta Chicama y Cajamarca, por el oeste se le encuentra en Lima, Nasca e lea y por el sur llegó hasta Ocoña y el Cuzco; pero existen algunas variantes que se originan por la fusión de Wari, con otros elementos locales, tal es el caso del estilo Pachacamac. Hay razones para suponer que la expansión Wari fué una expansión militar y, a la vez, religiosa. Lumbreras supone en cierto modo, el establecimiento de un gran Estado casi panperuano, que habría abarcado des– de Lambayeque hasta Ocoña, por la costa, y desde Cajamarca hasta el Cuzco por la Sierra, teniendo como centro Wari, en Ayacucho. Cualquiera que sea la ín– dole de esta expansión, el caso es que produjo efectos de una verdadera revolu– ción cultural con la intrusión y difusión de los elementos que ya fueron seña– lados. La expansión Wari puso fin definitivo a muchas tradiciones regionales que se habían caracterizado en el período de la Primera Diversificación; los esti– los posteriores de estas regiones no se derivan de los anteriores estilos locales sino, directamente, de Wari y si algunos elementos lograron sobrevivir, como en el caso de Nasca, es por que fueron incorporados. Este fenómeno resultaría aun de mayor interés si, como piensa Rowe, la cultura incaica tendría sus raíces en las
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