Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27
48 edificios especiales que al mismo tiempo son los primeros centros de observación de las estaciones y otros fenómenos relacionados con la agricultura. Esto puede observarse ya en la colectividad de Guañape 0500 años A. de J. C.). II.-Alrededor del año 300 a. de C. empiezan a distinguirse algunas regio– nes por su mayor desarrollo cultural. Los elementos culturales acumulados y la imposición del ambiente inician, aunque no simultáneamente, un cambio en el panorama andino, que Lumbreras denomina, Primera Diversificación Regional (Período intermedio Temprano de Rowe). La transición es lenta, paulatina, evo– lucionarla y se puede reconocer dentro de esa diversificación hasta tres períodos : Inicial, Típico y Decadente. El primero es una etapa transicional que contiene todavía muchos elementos propios del Horizonte Formativo, da la impresión de estarse "experimentando" en el cambio; el Período Típico es el momento en que cada cultura alcanza su culminación y exhibe las formas clásicas que la carac– terizan, y el Período de la Decadencia es la fase en que las relaciones interregio– nales y el contacto con otras formas empiezan a alterar las formas típicas de cada estilo. Entre las culturas que alcanzan mayor desarrollo en este período están : MOCHE, con sus fases Gallinazo, Salinar y las sucesivas de Moche I, II, III, IV, V; NASCA, con sus períodos Necrópolis, Proto-Nasca y Nasca A y B; CAJAMARCA, que presenta consecutivamente los estilos Cursivo, Cursivo Tripoidal, Cursivo Clá– sico y Cursivo Floral; RECUAY; AYACUCHO; con sus antecedentes Rancha y Huarpa; WARU, con una forma anterior, Paqallamoqo, y en la región del Titicaca alcanza TIAHUANACO un notable desarrollo. Los mochicas dominan los valles norteños; en realidad, la sujeción de estos valles toma la apariencia de dominio más que confederación tribal. La actividad colectiva es intensa, por los canales de riego el esmero que pusieron en la agri– cultura para lograr mayor rendimiento. Con las luchas frecuentes, en su polí– tica de expansión, se crea una clase militar especializada. Hasta entonces el ejército había estado constituído por la tribu, pero luego fué necesario formar un cuerpo de soldados dedicados exclusivamente a conservar las conquistas. Los mochicas superaron a todas las agrupaciones que les rodearon y se ubicaron en el más rico y notable sector de la costa peruana, de allí que todas sus aptitudes favorecidas por el medio alcanzaron un grande y ostensivo refinamiento. Es general la creencia de que el Estado aparece con los Incas, pero ya des– de las primeras centurias de nuestra era, según se deduce de los fechados obte– nidos por Strong, Collier y Bird, el Estado Mochica dominaba firmemente en va– rios de los valles costeños, y los indicios de la evolución estatal parecen devenir de una evolución que abarca varios siglos, a partir del modesto gobierno sacer– dotal. En la costa Sur, la cultura Nasca había florecido en una línea diferente. Sobre los elementos de la anterior cultura de Paracas estructuraron los nasquen– ses un sistema de vida mejor organizado, según lo demuestran los centros de po– blación descubiertos. Un rica tradición polícroma en su cerámica, una tradición textil igualmente notable, la práctica de un sistema planificado de edificaciones y un régimen militar son sus características más saltantes. Es esta una época de acentuado regionalismo en la que Moche y Nasca al– canzan su más alta calidad estética en materia de cerámica. Dentro de una gran variedad de motivos y gamas plásticas los Mochicas representaron no sólo las imágenes de todo lo que les rodeaba sino que supieron comunicar expresiones abs– tractas anímicas en sus huacos retratos. La cerámica Nasca es casi excluisiva– mente pictórica, siendo poco frecuentes las incisiones y rarísimos los altos Y ba– jos relieves; su expresión simbolista corresponde a un momento artístico muy
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