Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27
46 te utilitario, pero conforme va evolucionando y adquiere una mejor factura se convierte a la vez en un elemento de expresión estética. Rebasando luego el sig– nificado simple de los adornos todo lo expresado adquiere un lenguaje superior, un sentido simbólico con fines expresivos o anímicos más que físicos o mate– riales. Desde entonces la cerámica constituye el auxiliar más valioso de la ar– queología para determinar la sucesión y las influencias de las distintas manifes– taciones culturales. LA CERAMICA Los yacimientos de Huaca Prieta, Chicama, Virú, las Aldas, Chira-Villa, y Guañape son las fuentes más importantes en la costa norte del Perú, para el es– tudio de la transición de la fase precerámica al período inicial de la cerámica. En otros lugares, resulta por demás difícil precisar este cambio, pero todo parece indicar que no existe mucho distanciamiento. El problema del conocimien– to de la cerámica, de si surgió por la evolución o se debe a la difusión, sigue aún en pie, por falta de una prueba material definitiva; pero, cuando menos, se puede señalar un horizonte de transición, que se ubica entre los años 2,000 a. de J. C., en el que aparece todavía manifestación alguna de cerámica en Guañape y 1,850 de la misma era en que se inicia la cerámica sencilla en este yacimiento. Hay que señalar de paso, que en Colombia hay una fecha de 3,000 años A. de C. para la cerámica de Puerto Hormiga. Con las prácticas agrícolas la vida se tornó sedentaria, además la pesca es un recurso inagotable y los enormes conchales parecían también inacabables, era preciso aguardar a que madurasen los frutos para recoger la cosecha; el hombre se asienta cada vez más en la tierra, y como un símbolo de esta nueva etapa aparece la cerámica, arte de la tierra como la agricultura, como la civilización misma. Los mates, o recipientes de lagenaria, que utilizaron nuestros antepasados, debieron quemárseles con el fuego cuando intentaban cocer en ellos sus líquidos y brevajes. El uso de la cerámica simple que aparece en Guañape, Chira-Villa, etc., parece reemplazar a la lagenaria en el cocimiento de los líquidos y podría haber– se iniciado a partir de la costumbre de recubrir los mates con arcilla para hacer– los refractarios al fuego, lo cual no tardó en hacer descubrir que la arcilla mol– deada no tenía necesidad del objeto para prestar este servicio. Sería ésta, acaso, la explicación de la manera cómo podría haberse iniciado el uso de una cerámica como cochura desde lo que parece ser sus primeras manifestaciones. En una fase temprana del desarrollo de la cultura peruana, en una época que hay evidencias suficientes para llamarla pre-Chavín, aparece una cerámica muy característica, incidida y pintada después de la cocción, a veces con colores brillantes, amarillo verde y ocre. Este tipo de cerámica, hallada en Kotosh en las fases Wairajirka y Kotosh-Kotosh, Kuntur-Wasi, Torrecitas (Cajamarcal y Ancón es la primera señal de una expansión tradicional en el Area Andina. En el desarrollo de la cultura Andina se producen, alternativamente, entre los diversos pueblos que habitan el área cotradicional, varias fases de interrela– ('ión cultural, horizontes de unificación en que las manifestaciones arqueológicas m de lugares bastante alejados del territorio son muy semejantes, y períodos ..ie diferenciación regional, de diversificación, en los cuales la cultura se particula– ciza en cada región, alcanzando a veces características muy notables. Ya Alfred .. 8:,er al aplicar el concepto de horizonte como un conjunto de razgos identi– ficables en un espacio y tiempo señalados, insinúa esta nueva concepción del pa– norama cultural. Más tarde John H. Rowe, basado en las alternaciones referi– das, formó un esquema cronológico en el que señala para el desarrollo de la civi-
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