Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27

45 No hay testimonio que nos permita determinar con certidumbre si la do– mesticación de animales precedió, en el territorio peruano, a la domesticación de las plantas, si fué al contrario, o se realizó simultáneamente. En el viejo mun– do ocurrió primero la domesticación del perro. El perro es ya muy frecuente en Chavín y los basurales con cerámica de Culebras; se le ve con frecuencia en los pueblos con cerámicas de Parakas. Sería muy interesante, como dice Engel, seguir– le la pista al perro de color amarillo y marrón de Parakas, quien sabe si nos guia– ría en el camino hasta el: sitio de procedencia del maíz. Parece que la domestica– ción de la llama ocurrió paralelamente a la domesticación de las plantas, como una consecuencia de la evolución de los métodos cinegéticos (trampas, chaco). Es posible que este animal se iniciase como el favorito, mostrando las mejores con– diciones para su domesticación que el resto de animales capturados. Se le utilizó como compañero de vivienda, como abrigo viviente, ulteriormente se aprovechó su lana, su excremento resultó un excelente combustible, se le empleó como ani– mal de transporte de cargas, y sirvió, finalmente, su carne de alimento. Repre– senta este animal uno de los elementos de mayor importancia en la economía de los pueblos andinos. La llama, contrariamente a lo que de común se cree, fué utilizada también en la Costa, su domesticación en la Sierra fué un valioso apor– te al desarrollo costeño. Se le encuentra desde el precerámico neolítico, en Supe, y en posteriores niveles arqueológicos del litoral. En cuanto a los demás animales, todos mostraron menos condiciones de do– cilidad, si exceptuamos a la alpaca, aunque menos dócil que la llama, no se con– dujo del todo reacia, siendo mucho aún los demás auquénidos, menor aún fué la voluntad de venados y tarucas. La domestición del Cuy ha sido una valiosa fuente de alimento proteico para los agricultores sedentarios, que debieron encontrar en este roedor una enor– me ayuda para su dieta. Con el tiempo, la crianza no se redujo al simple cuidado de los animales. La crianza en gran escala fué un complejo proceso económico, como el de la agri– cultura en otras regiones. La crianza de alpacas, por ejemplo, requiere condicio– nes de humedad, las cuales logradas por medio de inundaciones artificiales de extensas zonas, desviando el agua de las quebradas hacia los llanos y faldas de los cerros. Después, los crianderos de llamas y alpacas de las alturas se convir– tieron en pastores y cazadores, que vivieron alternando los recursos derivados de la ganadería y el trueque de estos con los productos agrícolas de las partes más bajas. Los restos arqueológicos encontrados en muchas regiones, ruinas de po– blaciones con muchos corrales, son testimonio de esta actividad que fué muy in– tensa y que subsistió hasta la llegada de los conquistadores españoles. Desde entonces, las ocupaciones domésticas del indio, sus actividades, viajes, migraciones, su organización social, sus mitos, leyendas y tradiciones, su arte, danzas y en fin, su religión giran en derredor de estas dos actividades funda– mentales : agricultura y ganadería. El momento característico del período de la barbarie es la domesticación y cría de ganado y el cultivo de los cereales. El Continente Oriental, el llamado Antiguo Mundo, poseía casi todos los animales domesticables y todo género de ce– reales, menos el maíz; América no tenía, en cambio, más grandes animales man– sos que la llama y uno solo de los cereales cultivables. Las condiciones naturales diferentes hacen que desde este momento siga su propio camino la población de cada hemisferio, y que las señales puestas como límites de los estadios particula– res, difieren en adelante en cada uno de los dos casos. La aparición de la cerámica inicia un período de capital importancia en la cronología andina. En sus fases iniciales la cerámica tiene un fin exclusivamen-

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