Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27

40 micas de la costa están ubicados en sectores donde falta el agua dulce y, en mu– chos casos, ·cerca de lechos secos o de huellas de fuentes de agua de origen subterráneo, proveniente de filtraciones. Pero tenemos que referirnos a una época mucho más remota, desde que sufrió la cordillera andina un largo período de glaciación durante la cual los valles y laderas más elevados fueron ocupados por glaciares activos y quedaron sepultados bajo extensos campos de nieve. Los Andes, probablemente, alcanzaron su altura actual no mucho antes de la culminación del último período glacial ( 9). La glaciación estuvo marcada por varios ciclos de avance y retirada de los hielos; tres estados distintos, o por lo menos tres pausas importantes se notan en la retirada de los hielos desde su ma– yor extensión, que pueden reconocerse claramente por las morrenas y las formas de los valles actuales ( 1 º). Al derretirse las grandes masas de hielo produjeron copiosas avenidas que han dejado profundas huellas en las laderas andinas. Des– pués de la glaciación, es decir en el postglacial temprano (8 a 6 mil años A. C.), se inicia un período de condiciones ecológicas muy favorables para el hombre del paleolítico, sobre todo en la región denominada altoandina, entre los 2800 y 3500 metros de altitud, por la abundancia de vegetación que sustentaba a los ani– males de caza. En esta región, los valles y quebradas superiores de los grandes ríos, o sus afluentes, presentan por el relieve del suelo las mejores y preferidas condiciones para el establecimiento de una densa población. Sobrevino al temprano postglacial un período de temperatura elevada, com– probado en los dos hemisferios, el optimun climaticum, (11) es decir durante el postglacial medio, entre los años 6000 y 2000 A. C., que originó una amplia degla– ciación. La presencia de un clima más cálido causó la desaparición de los hielos en los Andes del Perú, tornándose muy favorables las condiciones para los caza– dores de los valles altoandinos, quienes podían avanzar hacia zonas más eleva– das, libres de nieve y con una abundante vegetación que facilitó el desarrollo de la fauna. Es muy probable que existió entonces un régimen de lluvias bastante ma– yor que el actual. Hacia 3500 A. C., quizá si desde antes, se inicia una disminución gradual en la temperatura, empezando la declinación del optimun climáticum. Nuevamente vuelve a nevar con cierta intensidad, produciéndose en la sierra condiciones cada vez menos benignas para los cazadores altoandinos, hasta volvérseles completa– mente adversas; en cambio, en la costa las condiciones de habitabilidad debieron tornarse, paulatinamente, más favorables, sobre todo en los meses de verano con el agua procedente de los deshielos, la formación de corrientes subterráneas y la afloración de manantiales que facilitaron el establecimiento progresivo de gru– pos cazadores provenientes de la sierra con el objeto de subsistir o mejorar su dieta en el litoral durante algunos meses. Es posible que primero se establecieran en las lomas, cuya frecuencia paralela al litoral parece haber sido mayor. Entre el litoral y las estribaciones de la Cordillera occidental existen ciertos lugares poblados de vegetación herbácea y de algunos arbustos que revisten las colinas, nos referimos a las lomas, verdaderos oasis que todavía aparecen muy de trecho en trecho en toda la costa, siendo las más conocidas las de Chancayllo, Lachay, Atocongo, Chilca y otras. Son lugares ideales para la caza, el pastoreo y para una agricultura que podemos llamar ocasional. La humedad de la estación inver- (9) Bellido, Eleodoro y Simons, Frank : "Memoria explicativa del mapa geológico del Perú", Boletín de la Sociedad Geológica del Perú. t. 31. Lima, 1957, p. 79. ( 10) v. t. Me. Langhlin, Dona! H., "Notas sobre la geología y fisiografía de los Andes pe– ruanos en los departamentos de Junín y Lima" Boletín de la Sociedad de Minería y Petróleo, N9 63 Lima, 1958. (11) Mattes, F. E., "Reporter of Committee of Glaciers 1945", Transactions American Geophisical Union. vol. 27. N9 11, 1946.

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