Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27
38 yoría por lascas utilizadas, algunas de las cuales presentan retoques en sus már– genes y por un pequeño número de puntas y raspadores, casi todos unifaciales. Una estadística del material lítico recogido en Lauricocha, según los datos publi– cados por Cardich, insinúa el final de una secuencia de lascas así como la apari– ción y desarrollo de cierta industria de puntas y otros instrumentos bifaciales, lo que quiere decir, que los primeros ocupantes de Lauricocha eran portadores de una tradición muy antigua de cazadores-recolectores con lascas y raspadores, tra– dición que más tarde empieza a declinar mientras surgen nuevas formas líticas que se identifican con grupos más cazadores. El otro grupo, bordeando los Andes por sus terrazas orientales, debió pene– trar al Brasil por el Matto Grosso hasta llegar a Minas Geraes y a la Argentina por el Gran Chaco desde donde siguió hasta la Pampa -con una posible deriva– ción al Norte de Chile- y Patagonia, terminando en la región de Magallanes (6). La cultura de lascas aparecería en Patagonia desde muy pronto, aunque no ha sido posible fechar los hallazgos; se trata de un tipo de industria lítica que Menghin ha llamado "oliviense" por haber sido encontrada en Caleta Olivia y que considera la cultura más antigua de la extensa región. Está representada por lascas retocadas, raederas y otros instrumentos de calcedonia relacionados con una terraza con desperdicios de conchas. A la primitiva cultura de lascas suceden posteriores infiltraciones de caza– dores superiores, entrados por Bering, aún seco, hace unos veinte mil años. Los cazadores recién llegados continuaron cazando el mamut y agregaron a su dieta el mastodonte, el perezoso gigante y el bisonte de gran cornamenta, utilizando pa– ra ellos dardos armados de puntas con una escotadura lateral, muy característi– cas, que han sido denominadas puntas Sandía, muy semejantes a las del Solutrense europeo. Más tarde, hacia el año 13,000 A. C., los cazadores comienzan a mostrar un tipo diferente de puntas, notándose una incipiente acanaladura sobre sus ca– ras, esta forma corresponde a las denominadas puntas Clovis, ya sin mayores re– laciones con Asia, siguiendo después una forma de increíble perfección y técnica, la de las puntas Folsom, típicamente americanas. Al parecer, a los finales de la época Folsom, 10,00 a 8,000 A. C., diversos grupos empiezan a diversificarse cultu– ralmente, adquiriendo ciertas diferencias en su industria hasta separarse en dis– tintos complejos designándolo a sus tipos de puntas con el nombre de los luga– res donde han sido encontradas por primera vez, infinidad de complejos entre cuyas tradiciones se observa, a veces, variaciones que podrían interpretarse como adaptaciones a nuevos ambientes. Muy pronto llegaron a Sud-América los cazadores superiores, diversificán– dose en nuevos complejos. Ya muy evolucionada, una cultura de cazadores se de– sarrolla en la Argentina con puntas arrojadizas en forma de hoja, pertenecientes a los horizontes de Ayampitín, Ongamira e Intihuasi, encontrados por Rex Gon– záles. En Ecuador, estos tipos de puntas se hallan en Allangasi, lo mismo que al N.O. de Venezuela. En el Perú, el horizonte II de Lauricocha sería contemporáneo con Ayampitín e Intihuasi y, asimismo, las puntas bifaciales relativamente tos– cas de este yacimiento aparecen en Viscanchani, con otras puntas foliáceas me– dianas y pequeñas. ACERCA DEL ORIGEN Y DESARROLLO DE LA CIVILIZACION ANDINA El problema de los orígenes de la Civilización Andina va encuadrándose ca– da vez más dentro de ciertos límites que hacen ahora posible su planteamiento (6) Id.
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