Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27
37 aspecto muy rudimentario y que, comparados con los del Viejo Mundo, corres– ponden tipológicamente a formas bastante primitivas del Paleolítico. Entre las piedras empleadas por las gentes del paleolítico Inferior para la– brar su implementos, hay unas dotadas de gran dureza y fragilidad que saltan fá– cilmente en lascas, es decir, en láminas obtenidas por percusión. Hubieron grupos humanos que sólo aprovecharon estas láminas para sus herramientas. Otros gru– pos, en cambio, trabajaron la piedra más a conciencia, haciendo saltar los frag– mentos de un núcleo, labrándolo por ambos lados hasta reducirlo a una de las cuatro o cinco formas típicas. Estos productos pueden, entonces, ser clasificados como instrumentos de lascas y de núcleo o bifaciales (puntas y hachas de mano). siendo la uniformidad de las primeras muy poco rigurosa. También se puede observar en diferentes regiones diversos métodos de labrar el pedernal, tal como se desarrollan tradiciones diferentes entre distintos grupos sociales; en toda el Africa, en Europa Occidental y al sur de la India las herramientas favoritas eran las de núcleo, en cambio en Europa, durante la Era Glacial, y en Eurasia Septen– trional, se encuentra casi exclusivamente lo que se designa con el nombre de herramientas de lascas. Hay quien dice que el pedernal helado no se puede hacer saltar sino con otro pedernal, de manera que la industria de lascas habría na– cido en períodos de glaciación, mientras que la talla de núcleos sería propia de los periodos interglaciares; es posible. Ahora bien, si los hallazgos realizados en América parecen indicar el in– greso del hombre a este Continente en una época anterior o coetánea a la última oscilación glaciar ( 4), ellos parecen tener también alguna relación con el ingreso y propagación de una cultura muy primitiva de recolectores-cazadores, cuyos uten– silios consistían en lascas y nódulos, o machacadores, de piedra que reaparecen constantemente a lo largo de todo el Continente Americano y que perduran hasta muy tarde, a pesar de las infiltraciones posteriores de nuevas corrientes culturales. El camino de penetración en América de la cultura de lascas -probablemen– te también con hachas bifaciales- ha sido ya advertido por Bosch-Gimpera ( t J. quien señala las costas del Asia, por las Aleutianas, unidas todavía al Continente, o bien por la región de Bering, cuyo estrecho no se había aún abierto. En Amé– rica debió seguir por costas del Pacífico hasta penetrar por el Bajo Columbia, o por el Snake, a la Gran Cuenca; pasó a México, donde arraigó notablemente en las regiones central y septentrional y, en su camino hacia América del Sur, debió pasar por la zona llana del N. E. del itsmo de Tehuantepec para penetrar, por la región oriental de Centro América y Panamá, en Colombia, donde parece bifur– carse. Algunos grupos debieron subir por los valles del Magdalena y del Cauca y, alcanzando la Cordillera de los Andes, continuar por las mesetas y valles ecua– torianos hasta llegar al Perú. En nuestro país, la presencia de una cultura de lascas, al menos la super– vivencia de una industria lítica de este tipo, se confirma con los hallazgos de Augusto Cardich en Lauricocha. Ciertamente, en el horizonte más antiguo de los referidos yacimientos encontró asociados con restos que han sido fechados en 9,525 años, gran cantidad de instrumentos de piedra, representados en su ma- (4) Hace poco se creía que el hombre pudo llegar hasta los lugares de estos hallazgos solamente en un período interglacial, calculándose para ello el Interg\acial de Sangr•– món, hace aproximadamente unos 70 mil años. Ahora sabemos que nunca llegó a cerrarse del todo el manto de hielo que cubría gran parte de Norte América y que, durante Ja glaciación de Wisconsin, existió un corredor abierto a lo largo de las mon– tañas Rocosas que pudo haber permitido el paso del hombre hasta la región central del referido continente, aún en plena temporada glaciar. ( 5) Bosch-Gimpera, 1958.
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