Boletín de la Biblioteca Nacional N° 26

17 George A. Dorsey cita la primera edición y dice: "El Palentino estuvo en el Perú en 1544 y fue nombrado cronista del Perú, por el virrey Marqués de Cañete". (A bibliography of the anthropology of Peru. Chicago, 1898, pág. 107). Sturgis E. Leavitt da razón de las tres ediciones, sin mayor comentario. (A tentative bibliography of Peruvian literature. Cambridge, Massachusetts, 1932, pág. 9). José Toribio Polo, describe la edición de Sevilla y la de Lima. Cita lo que dice González Barcia en la reedición del "Epítome", y agrega: "Y en lo que a geo– grafía se refiere es digna de tomarse en consideración la parte dedicada a los In– cas, donde hay multitud de nombres de lugares que su narración menciona". (Bi– bliografía geográfica del Perú. Siglo XVI. Lima, 1917-1935, págs. 27-28). Benito Sánchez Alonso, menciona las tres ediciones aparecidas y afirma: "es obra que se hizo muy rara por haberla prohibido el Consejo de Indias". (Fuen– tes de la historia española e hispanoamericana. Madrid, 1952. Tomo 29, pág. 114, A. 5314). Philip Ainsworth Means, le dedica algunas líneas al Palentino y comenta la primera y tercera edición. Indica que hay un ejemplar en la Biblioteca de New York y otro en la Biblioteca de John Carter. (Biblioteca andina. New Havern, Connecticut, 1928, pág. 363-365). Antonio Palau y Dulcet, reseña la primera edición y la tercera. No ha cono– cido la edición de Odriozola. Dice: "Esta fue prohibida por el Consejo de Indias, hasta 1729 en que volvió a permitir su circulación". (Manual del librero hispano– americano. Barcelona, 1951. 2a. edición. Tomo 59, p. 339, Col. 2). De la vida de Diego Fernández se sabe muy poco. Nació en Palencia y por este motivo y para diferenciarlo de un homónimo, se le llamó "El Palentino". Se ignora dónde y cuándo murió. Por los datos que él mismo proporciona en su Cró– nica, se sabe que estuvo en el Perú como soldado y que el virrey Marqués de Ca– ñete lo nombró cronista del Perú. Podemos considerar la Crónica del Palentino como una de las primeras que se publicaron acerca de las guerras civiles. Acusado de plagiario por algunos crí– ticos y eruditos y de parcializado por los contemporáneos a los acontecimientos, ( a quienes no contentó por la veracidad con que escribe), sufre su Crónica el cas– tigo de ser retirada de la circulación. Sin embargo su obra constituye un docu– mento fiel de las guerras civiles entre los conquistadores. Fue testigo ocular de los sucesos que narra ya que participó como soldado en la campaña contra Hernán– dez Girón. De regreso a España, ordena lo que había redactado en el lugar de los acontecimientos, por orden del virrey Andrés Hurtado de Mendoza y luego escribe sobre la rebelión y ejecución de Gonzalo Pizarra y de sus principales lugarte– nientes. Varios capítulos de la primera parte de su Crónica, son copia textual de la '"Relación de La Gasea", pero es muy posible que este documento le fuera propor– cionado para escribir esta parte de su historia, y no por esto, podemos decir que plagió a Cristóbal Calvete de la Estrella, ni mucho menos a Agustín de Zárate. Porras Barrenechea, reconoce en El Palentino un soldado animoso, culto e inteligente, pero de escasa fortuna. Lo tilda de apasionado, insincero y arti– ficioso. Lo califica como el cronista cortesano de las guerras civiles del Perú, que escribió por paga : "Primero, la historia de la revolución de Hernández Girón de orden del virrey Marqués de Cañete quien le dió el título oficial y sueldo de cronista del Perú, y después por insinuación del Regente del Consejo de Indias don Francisco Tello de Sandoval, la historia de la revolución de Gonzalo Pizarra. Ambos formaron, respectivamente, la segunda y primera parte de su historia del Perú, publicada en Sevilla, en vida del autor en 1571". Da razón de las tres edi-

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