Boletín de la Biblioteca Nacional N° 26
18 clones de El Palentino y referencias de Prescott, Jiménez de la Espada, Lucas de Torres y de un artículo publicado por él en la "Revista Superación, n<? 2, julio de 1943. (Los cronistas del Perú (1528-1650). Lima, 1962. p. 178-180). Nuestro erudito historiador y bibliógrafo, Rubén Vargas Ugarte, en su "Ma– nual de estudios peruanistas", pág. 269, dice: "Si Fernández tuvo contradictores cuando su obra sólo se conocía en manuscrito y apenas fue publicada, después no ha faltado quien como Garcilaso lo tache de apasionado y como Jiménez de la Es– pada de plagiario. Creemos que ambas acusaciones son infundadas. El Palentino, como cuantos escribieron de aquella agitada época, no podía satisfacer a todos y en su apreciación de los hechos tenía que guiarse o por la experiencia propia o el juicio de los más dignos de crédito. El que no acertara siempre no es causa bas– tante para tildar su obra entera. Jiménez de la Espada que reconoce el mérito de la segunda parte de su obra, sostiene que en la primera no hizo más que copiar otra relación anónima, cuyo autor tuvo delante los papeles de Gasea. Hay alguna verdad en el hecho, pero no tanta que se deba despojar a Fernández de la pater– nidad de esta primera parte". El R. P. Vargas Ugarte, sostiene que no se le puede tildar de parcializado como lo acusa el historiador Guillermo H. Prescott, en su "Historia de la conquista del Perú". Madrid, 1848, t.II , págs. 407-409, quien expresa: "El historiador fué además estimulado, según dice en su dedicatoria a Felipe II, por la promesa de una recompensa de parte de este monarca cuando terminase sus trabajos; promesa muy conveniente y política, pero que inevitablemente sugiere la idea de una influencia no enteramente favorable á la severa imparcialidad his– tórica". A continuación reconoce la importancia de la crónica por la general fide– lidad de los hechos que narra, aunque no se advierten, dice, pretensiones de eru– dición ni de filosofía sigue la corriente de los sucesos, de una manera ordenada y bastante prolija. "La dicción es bastante llana sin aspirar a bellezas retóricas fuera del alcance del autor, ni guardar el carácter sencillo de la crónica .... Ninguna historia de aquella época puede compararse con esta en la abundancia de pormenores; y á ella han acudido historiadores más modernos como fuente ina– gotable para llenar sus páginas, circunstancia que es por sí sola bastante testimo– nio de la general fidelidad y de la copia de detalles de la narración. La crónica de Fernández asi arreglada en dos partes bajo el título de Historia del Perú, fué dada á la luz en vida del autor en Sevilla en 1571, en un tomo en folio que era el tamaño del manuscrito". En cuanto al estilo no podemos calificarlo de perfecto. Como todas las cró– nicas de su época, está desprovista de galas literarias. Como soldado nos narra los hechos que presencia con suma veracidad, se preocupa por las cosas del momento que recoge y aquilata dentro del espíritu de lealtad a su Rey. No por esto pode– mos desconocer el valor de su Crónica, la que tanto por la fecha de su publica– ción como por la oportunidad que tuvo para consultar los documentos originales, es una valiosa fuente de información. Los capítulos finales, de la segunda parte, narran la historia del Imperio de los Incas. Anotamos también que a través de los primeros libros no falta la infor– mación geográfica ni biográfica. Estamos casi seguros que en América son muy pocas las bibliotecas que po– seen la primera edición. Nuesj;ra Biblioteca posee las tres ediciones mencionadas y la Biblioteca del Instituto Riva Agüero, en Lima, tiene la primera y segunda edi– ción. Ignoramos si alguna Biblioteca particular o pública tenga la primera edi– ción, en cuanto a la segunda creemos que en Lima debe figurar en varias colec– ciones.
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