Boletín de la Biblioteca Nacional N° 25
15 A principios de siglo, cumpliendo una misión diplomática en los países de Centroamérica, conoció en Guatemala al escritor chiapaneco Flavio Guillén, quien años después, en 1908, publicó en México un elogioso artículo titulado "José San- tos Chocano", en el cual habla del cariño de éste por México: "Le conocí en la capital de Guatemala -dice- cuando su patria le encargó la propaganda del ar- bitraje obligatorio a fin de inclinar la opinión de América en el sentido de este principio" (3l. En 1905, año de su primer viaje a España, anudó entrañable amistad con Amado Nervo, que siempre fue su amigo leal -extraña lealtad en el mundo li- terario, por lo general-. "Fué una amistad conmovedoramente franca' ', afirma Sánchez (4). Y a Nervo dedicó Chocano los poemas "La ciudad conquistada: Tenochtitlán-México" y "El nuevo dodecasílabo". A su vez Nervo dijo de Chocano: "No hay en esa alma la mala hierba de ninguna pasión ruin. Su musa ha cru- zado el pantano sin una mácula en su celeste plumaje" (5). Pero Chocano, que ya desde entonces habría de andar en líos, fue acusado en España de haber cometido una estafa, acusación que jamás se le pudo probar y con ese motivo se dividieron las opiniones de quienes rendían culto a las mu- sas. Guillén que fue amigo de Chocano en Guatemala lo defiende y lo alaba. Di- ce, citando una carta que le dirigió Chocano por esos días, pues al parecer man- tuvieron correspondencia: "Esta infamia es la causa de que no haya yo ido a México como era mi propósito, estando en Cuba (me dice en su última carta), los que trabajan mis entrañas, no consiguen sino mover mi piedad". Y continúa más adelante, elogiando a Chocano: "Ese es el noble y generoso que yo conocí, hará una decena de años cuando él y yo contaríamos veintiseis años de edad. Cuando en su gabinete de artista y apóstol, comentábamos las inimitables octavas de Batres Montúfar, la prosa cervantina de Pepe Milla y la prosodia inmaculada de Juan Montalvo. En esas intimidades pude conocer sus tendencias, todas nobles, sus virtudes, todas raras ... Yo siempre le agradecí su cariño intenso a México, "su glorioso patria" como decíame para nombrarlo. Cariño que subsiste en él, puesto que se propone venir en cuanto le lleguen de España los documentos de su inocencia y puesto que ha cantado valientemente nuestras grandezas, en poesías egregias a Cuauhtemoc y Benito Juárez ... " (6). En cambio, Juan de Dios Peza le había endilgado, con el mismo motivo de la presunta estafa, tres sonetos terribles e injuriosos que se titulan: "Chocano en Cuba", "Chocano en Guatemala", "Chocano huye", que aparecieron en México y en Costa Rica (7). Y Rafael Heliodoro Valle, a su vez, había publicado desde agos- to de ese mismo año, siete artículos titulados "Estrada Cabrera juzgado por José Santos Chocano", en los que le recrimina su amistad con el gobernante guate- malteco, a quien califica de "bandolero" y le dice: "Cuando ví la 'Revista de la Unión Iberoamericana' en que se publicaba la conferencia del señor Chocano, me fue difícil creer que el autor de la "Epopeya del Morro" defendiese ante la so- ciedad madrileña a Manuel Estrada Cabrera. ¿Qué se hizo de su altivez de ca- rácter, su honradez republicana, señor Chocano?" (8J. En noviembre del mismo año, con motivo de la aparición del soneto de Cho- cano "La gloria del proceso", un anónimo, que posiblemente fue el mismo Peza, pues el soneto tiene parecido con los primeros citados, le dedicó como contra- partida. en que empieza así: Chocano, como rey de los tunantes temiéndole a un proceso escandaloso defiende ya su fama de tramposo complicando en su robo al gran Cervantes.
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