Boletín de la Biblioteca Nacional N° 25

13 hora Y media cada mes para ver las constelaciones en el Observatorio; otro tan- to para estudiar en el microscopio; una hora de baño; llorar dos o tres veces por se~ana, ora por un perrillo que cae bajo las gomas de un auto, ora leyendo un vers1culo de la Biblia; oir la monótona historia de los admiradores, siempre nuevos Y cansados siempre que os dicen las mismas cosas: "es usted inmenso'', "es usted poliforme", "es usted desconcertante", etc.?. Pueden acaso comprender lo que esto significa- ¿Pueden darse cuenta, acaso, de la energía, del valor moral, del heroísmo, del divino esfuerzo que ne- cesito para hacer mi condal y regalada voluntad, para prescindir "absolutamen- te" (deletread, bellacos: "ab-so-lu-ta-men-te" 1 absolutamente, de todo lo que no ofrece a mi alma un poco de belleza? Yo vivo en un mundo de pura belleza; para mí no existe sino lo que es bello: carne, flor, perfume. nota, espíritu, color, inefabilidad, así, para mí, más vale Garufa, por su fina silueta que la moral del señor Pérez Araníbar llorando la profanación de Norka Rouskaya. Yo no pido que me aplaudan. Nadie me aplaudiría con mayor vehemencia y conocimiento de causa que Yo mismo, pero sí exijo que me respeten los sandios que quieren y no se atreven a imitarme. Yo sé muy bien que hay cholos que no me quieren. Tienen razón; yo no pude tratar con tales cholos. Mi arte es para los limpios de corazón, para los sa- nos de espíritu, para los ebrios de ilusión, para los sedientos de esperanza, para los saturados de fe, para los llenos de amor; para los sencillos, los puros, los comprensivos, los buenos; los que tienen miel en el panal del corazón, perfume en la corola del espíritu, suaves colores en los pétalos del sentimiento, música alada en los vergeles de la conciencia. Mas hay cholos que tienen el corazón en forma de "sapo'', la lengua en forma de "víbora", las manos "alacranadas", el aliento cloaca! y el alma a oscuras, "entelarañada, maloliente y con "sumidores". ¡Ay! Dios mío, esos cholos son la prole del cornudo y rabudo de la pezuña de cobra! ! Y a cuántos recursos he tenido que echar mano para despertar la dor- mida conciencia de mi pueblo! ¡Cuántos enemigos gratuitos, cuántos malidicien- tes envidiosos! ¡Cuántos infelices despechados! ¡Qué culpa tengo yo de ser Yo! Vayan los muy necios a preguntarle a Dios porqué me dió un alma grande, un corazón noble, un cerebro radiante y fecundo, un espíritu casto, un natural sen- cillo y la divina e imponderable virtud de hacer "lo que me da la gana" y de no ocuparme, para nada, de los demás. ¡Vayan a quejarse, pues, a Dios, a ver qué les contesta! A mi déjenme en paz, Yo no soy sino un pobrecito Enviado Ex- traordinario y Ministro Plenipotenciario de Dios entre ustedes... Mi sastre me espera, querido y bondadoso amigo "Máximo Fortis" y por ello me veo precisado a cortar esta charla, en la cual quise agradecer los entu- siastas, claro y justísimos elogios que ha hecho usted a mi precioso libro "El Caballero Carmelo". Mande usted a su guisa en la persona de El Conde de Lemos Ancón.-Crepúsculo.-Miércoles. Primer año de "El Caballero Carmelo".

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