Boletín de la Biblioteca Nacional N° 25
12 RESPUESTA DEL CONDE DE LEMOS A "MAXIMO FORTIS' ' Querido "Máximo Fortis": "Para vivir en el futuro, basta que una sola alma nos comprenda". ABRAHAM VALDELOMAR Del libro "Holocaustos" Recurren los fotógrafos, para fijar la atención de los niños que van a re- tratar, a una sencilla y muy lírica estratagema: les hacen creer que de un de- terminado punto del muro, va a salir volando una palomita blanca. Los niños que habían estado inquietos, nerviosos. asustados, lloriqueantes y trémulos, se sugestionan, fijan sus castas pupilas en el lugar indicado y esperan que salga volando la palomita. Entretanto el fotógrafo ha impresionado algunas plan- chas y seguro de su triunfo, abre tamaña bocaza y declara su engaño. Los niños, entonces, se indignan, chillan y escandalizan, pero las fotografías han sido obtenidas, y los niños se calman con un pedazo de golosina criolla lla- mada "melcocha". Pues bien, querido amigo. Yo he sido durante los primeros años de mi arte, un fotógrafo completamente desafortunado. No podía fijar la atención de los niños. El público -que es y será siempre un niño grande, malcriado y caprichos0-, no fijaba su atención en el punto que yo había menester para obtener éxito en mi arte. Estudié entonces la manera de que las planchas no me salieran movidas y recurrí a la maña del fotógrafo. Mis compañeros de hoy en la literatura, y sobre todo, mis sucesores ele mañana, no acabarán nun- ca de agradecerme el servicio que les he prestado ni podrán medir bien mi sa- crificio. Antes de mí jamás se ocupó el público con mayor vehemencia, ni se discutió tanto ni se atacó y defendió tanto a escritor alguno. Así, los escritores ca- recían del estímulo que procura la popularidad y cuando editaban un libro ---ra- ra avis- nadie se tomaba la molestia de comprarlo, de donde el mejor libro re- sultaba ineficaz y estéril. Yo comprendí a tiempo que un escritor necesita, an- te todo, una gran popularidad, un gran público que se interese por él. un mer- cado para sus obras. Aquí no han existido otros mercados que el "Mercado Cen- tral", el de "La Concepción" y el ele "Baratillo" y, ni aún éstos han sido para los pobres literatos, que muchos de ellos, si les hubieran tenido, no perecieran por insuficiencia gástrica. ¿Pueden medir los majaderos que me condenan lo que significa ser trabajador en un país de ociosos? ¿Pueden medir el esfuerzo que significa mantener siempre latente la atención del público durante los cuatro o cinco años de mi labor de artista? ¿Pueden darse cuenta, acaso, los que no traba- jan, ni luchan, ni sueñan, ni esperan, ni crean, ni siembran, ni aman, ni su- fren, ni piensan, lo que significa hacer en cuatro o cinco años treinta cuentos maravillosos, doscientas crónicas perfectas, quince o veinte pequeños poemas, cuatro o seis conferencias, un drama muy malo, un libro de historia. una tra- gedia estupenda ("Verdolaga"), ocho o diez artículos de crítica, fundar una re- vista de combate y revolucionar en sus tres únicos números; hacer seis u ocho retratos maravillosos; escribir dos, tres y cuatro artículos diarios en un perió- dico; colaborar en publicaciones extranjeras; ir una hora diaria por lo menos al Palais Concert; y dar, de tarde en tarde, un par de bofetadas; contestar el saludo; hacerse la barba; concederle al sastre dos sesiones semanales y otras tantas al zapatero; dar diario una lección de estética, tomando té en el Palais, a cinco o seis discípulos y admiradores; media hora diaria para ver caer el sol;
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