Boletín de la Biblioteca Nacional del Perú N° 23

22 gos sus inocentes cuellos <Pero como es posible referir mas de lo mucho que páso eq sJencio, sin que se estremesca la humanidad, y la Religion? ¡O Religion santa ( <Donde estás? t Como á tu presencia se cometen tan horren· dos sacrilejios con esos vasos de honor consagrados por tus Santos Oleos y palabras? Sin duda te has retirado á los Cielos, y corriendo las cortinas de sus densas y lloro- sas nubes has manifestado tu gran sentimiento y ocultando tu semblante, por no mi- rar tantos horrores y crueldades, que tú conC::•enas separando de tu comunion a tan sedientos antropófagos. Tu gran ministro Ambrosio fulminó el mas terrible anatema sobre la cabeza de Teodosio por haber decretado la matansa de Tesalonica ¿Y solo en el Peru quedaran impunes tantos crimenes y agreciones contra la Religion y humanidad? ¡Los mas san- guinarios Herejes no causaron tantos estrágos con su fanatismo! ¡Hay 1 Los Templos de la alianza arrasados á violencia de su fuego deborador, las piedras c:'.tel Santuario arrojadas por las calles y plazas: llenos de h'erba los atrios, y lo que es peor ¡Estre- meceos cielos 1 ¡Desplomaos columnas del firmamento! El Dios de las alturas que sos- tiene la inmensa móle del globo, y conmueve las sombrias selvas del Desierto, és con- culcado por animales inmundos en Huaillay, Paseo, y Yauli tY las costumbres? N.- vieron tanta relajacion los .dias de Noe. La Oisipl' na tristemente abatida, la santiC::tad de la Ley, comvatida, despredado el culto del Señor, manchados los sábados, y la vir- tud perseguida. Parece que ¡:,ara obscurecer la hermosura de la hija de Sion habia bonutado el Ynfierno sus mas negros humos. ¡Yglesia Santa! <No fué esta tu cituación cuando llorabas los asesinatos cometidos en las personas C::ie tus Sagrados Ministros? Junin, Jauja y Huarpa sollosan sobre los cadáveres deshechos á valasos de los Sernas, R;veras, y Religiosos Franciscanos, sin que la sangre de la víctima que corria por sus manos los rindiera de tal barbarie. Ynvoluntariamente me arrebata el espíritu á la quebrada de Yscochaca: Una lus agonisante me descubre ¡Hay de mi, que no había presajiado el golpe del cuchillo que yére mi corason ! (Pues que ha sucedido me pre- guntareis? Alli veo el espectaculo mas funesto y / lastimoso que se ha presentado jamá.; a la compasión ¡Tanta miseria sin alivio 1 ¡Una victima sin ausilio para su po- bres~ta alma 1 No, no pU<!de escucharse mas tan triste narracion. Con harta violencia la prosigo: mi imajinacion se horrorisa al ver al infelis Le· desma humillado á los pies de un verdugo sacrilego, implorando por la sangre que virtio Jesucristo en el calvario, tiempo para vever las aguas de la reconsilasion, pero aquel caribe mas duro que el bronce profanando con su lengua pestífera el nombre que habia invocado el ministro de paz enristra la Espada, y atravieza de parte á parte al unjido de D'ios: descarga nuebos golpes, le arrastra por todas partes como un trapo inmundo ó tiesto C::•espresiable, y sin haber quien oculte su pudor, ni con- forte sus miembros con la uncion Santa para la carrera de la eternidad, le arroja á las aguas ¡Que dolor, que inhumanidad! Aparta te, desvíate de mi cuadro terrible, que reuniendo en si los rayos del dolor reflejas en mi espíritu; no puede sufrirte mas mi vista: Eres demasiadamente horroroso para que yo vuelva á mirarte otra ves: las hé- ses de mi corazon se rebotan, y agolpánC::•ose a mis ojos les inundan de ardientes y rojas lagrimas, me embargan la lengua ya no puedo articularla. ¡O Dios Altisimo esclamaré yo ahora atónito! t Qué mano prevendrá tablas para tantos miserables naugrajios? / (Quien será la Paloma que anuncie serenidad en tan gran Dilubio? <Quien Señores? Ya lo he dicho. Simón es el macabeo de nuestro si· glo que ha resivido del cielo tal comicion. Consolaos hombres oprimidos: enjugad /Uestros sollozos. Unas lejiones cuya existenc:a ignorais vuelvan a socorreros. Su valor cual llubia favorable hará que á vuestros dias de tristeza sucedan otros de con- duelo: Saldreis de vuestra esclavitud y sereis restituidos á vuestros derechos.

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