Boletín de la Biblioteca Nacional del Perú N° 23

21 El' Perú este Altar santo donde por siglos no há •esado de inmolar victimas .el desen- cadenado furor Español, lloraba su plantado de Leones famélicos. De aqui salian las lineas que bomitando confusion y espanto por todas partes, alimentaban ou crueld•ad con la sangre de hombres indefensos, y v:bravan rayos sobre los infelices que domi· naban con un setro de Yerro. Tal fué Oyentes mios nuestro deplorable estado en los asiagos dias de Febrero y Marzo. Aumentose nuestra pena con las diviciones intes- tinas que paralisaban el progreso de nuestras Armas, y enlutaronse nuestros corazo- nes con la escandalosa desercion de T orre·Tagle,, y Verindoaga. Año verdaderamen- te funesto en sus principios, pues no div:sabamos por todas partes man que espanto- •as imágenes de una esclavitud eterna. Los tiranos sobervios con los triunfos de Yca, Moquehua, Macon, y Oruro, se apoderan de los Castillos por medio de una perfidia,, entrnn en Lima, y engruesan sus hordas debastac'.•oras con los mismos ddensores de la Patria: sus rapidos progre- ro·s los hacen com~ un torrente que rompe los diques: Se derraman por Yauyos, Paseo, Carampoma, y Yauli, respirando muerte, carniseria, saqueo, insend.io , profana· sion y sacrilejio. ¡ Hay amada Patria mia! Ynfelis de ti! ¿¡\quien te compararé en tus desgracias hermosa Jerusalen? Esa, imprevista y cruel tempestad te há dejado con· vúl~a y destituida de todo ,consuelo. Nó, no lo esperes c'.•e esos fe roses salteadores que entraron en tu resinto so color de amigos y defensores, y tu acojiste, y regalaste con jenerosidad; por que se han conjurado contra tí, pagando c<;>n negra alevosía tus se- ñalados benef:cios. Seguramente puedes identificar tu desamparo con el de la Capi· tal de Palestina: eleva con ella tus lamentos al Omnipotente, has permitiC:•o, di, se me convide como á una grande solemnidad en la que me ha aterrado por todas partes la avaricia de mis adversarios, y los mis caros ·hijos lactados á mis pechos, y educa- dos con tanta delicadesa son inmolados por la mas inaudita tiranía. Inaudita tirania dije y no me arrepiento t Quien podia entonces contar' con su vida y huir de un enemigo que puso su gloria en los publicas homicidios? Todos los infelices eran arrancados de improv:so de su patrio suelo: Subitamenk el Padre sus- pira por sus hijos, los hijos lloran por sua madres, / el rico se ve por Diosero, y a!la van todos unos a las filas, otros á las maestranzas acostumbradas á empaparse con lagrimas de Patriotas y los mas al Sepulcro ¡O inocentes Ysases? ! ¡El amor innato á la feli- cidad de vuestro país és la causa de va estro esterrriinio ! S: catolicos, volved con el pe.nsamiento á. esos dias d., sangre y lúto en que los tiranos condenaban á muerte, tantas victimas, cuyo unico delito era persivir los gritos de la naturaleza: Seguid con ojos, atentos esas mansas abejas desde el momento en que unos viles opresores lo a.rrancan con violenc:a de lo ,interior de su retiro, del seno de s~s fa,milias, las arras· tran ignominiosamente á los calabosos, y desde los calabosos al pie de un Tirb'unal eccecrable, ó mas bie.n á una caberna, en donde unos Tigres, y Panteras disfrasados en Jueses l,as car,gan de oprobios, vomitan contra su inosencia las mas absurdas ca- lumnias, provóvan cont:·a ellos las maldiciones y clamores de una gavilla d•e antropó- fagos, que ,les rodean, y despues de un fantasma de. proceso insultante y burlesco, las embian á una carniseria que no tiene ejemplar en la Historia de las Naciones. Para que nade falte á la amargura del caliz, se trata á los hijos de Dios como malvados,, é impios: Se les conduce al supl:cio, en medio de una turba llena de furor, cuyas mi- radas lansan ·la muerte, sus gritos piden sangre, y no saciada la tirania llega á envi- diar á los / instrumentos del castigo su fatal oficio. En medio de tan desecha horas· e a a donde quiera que buelvan los ojos encuentran bestias feróses y no oyen mas que &'ullidos. En este abandono de la naturaleza á nadie reservan esos monstruos de la es· pecie humana: no á los ancianos que troncos casi secos apenas vejetaban, con sus,afi lados sables cortan los preciosos estambres de sus vidas: no á los parbulos, de los que nada podían temer, rii menos esperar su codicia segaban como tiernos básta-

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