Boletín de la Biblioteca Nacional Nº 22

"(La referencia a Tula, que figura en esta carta es por mi novia de aquellos años mi esposa desde 1924) (La carta no tiene fecha, pero es de 'la misma época de la anterior)". C. S. E. IV Tucumán, setiembre, 1919. Esta no es la car!:l larg:l que te dcbo. Que le debo a ese milagro de carta tuya, que he tenido aprc!ac1a con1 fa mi pecho como si fuera de una novia. Esta es una descarga c1éctrica de mi corazón contigo. Todo salta convulso y descompaginado. Abre los brazos, recíbeme! Yo no he hecho sino mascar acres abu- rrimientos desde qne saJí de allá. Ni un solo ·día de amor y de rudo y dorado sol amigo. Mis nervios miserables me han hecho vivir locamente solo y estúpidamente misántropo. Mi salud falla dramáticamente por el lado de la cabeza. Me 10 han dicho can unas verticales p:llabras verídicas un médico íntimo. Parece que yo he tenido una terrible enfermedad. No sé, la verdad, qué hacer en éste momento. Estoy como un buque con la hélice rota. Adónde ir? Desaparecer, matarme? Sólo creo en tu gran corazón de hermano y esa inteligencia tuya que fue mi árbol inmenso de tanto tiempo. Pongo en tu boca la palabra decisiva. Dime, qué haré. Pero sin colarme ni con alientos de moral de poltrona. Yo soy un hombre de llamarada y de fiebre. Hábla- me con las más punzantes palabras de tu sinceridad. Aunque aquí retrocedo, y te pido perdón. ¿Tengo, acaso, derecho de dudar de tu sinceridad? ¿No me has dado y me estás dando pruebas de una extraordinaria delicadeza y una bondad única: Tus cartas largels, las respuestas como por percusión de todo lo que te he pedido? Sí, háblame como <¡uieras, tú que tan maravillosamente tienes el secreto de las palabras que reeon- forhll1 y afirman, dcsnudan y pcnetran. No tengo derecho a dudar de tí. Parto mafíana a Santiago del Estero. Y de ahí no sé. J\;Ji dcseo sería vol- ver a JVlontevideo, después de la publicación de un libro y de dos folletos de la "Barret" que ya tengo listos: Delmira Agustini y tú. Pero lo trágico anda por dentro. Me desespera no agarrar ya las eosas fundamen- tales. Tocar los actuales problemas fulminantes y vivos. Inieiar una literatura de zar- pnzos contra la mediocridad de América; llegar a todos los hombres como una co- rriente c1éctric:;: condensación de fuerza y luz. Oscilo. Camino con un paso de cie- go. y esto es lo que me parte: mi dispersión imbécil. Tambión mc llegó una carta tuya con 10 referente a De1mira Agustíni. Pero con una notiCia que me llenó de una inquietud incontenible. ¿Estás enfermo, que- rido hermano? Arbol de tronco extraordinario, qué tempestad se ha atrevido a in- clinarte? Detcnte, curvo gigante polvoriento, y reposa un momento. El camino es largo. Pew hav que vivir en la trinchera, armado hasta los dientes. La vida es sólo atacar. Y no hacerlo es una pigmea cobardía. ¿Y quién lo hace mejor que tú, león, faro giratorio, águila enérgica, martillo enloquecido? Tu vida es la cosa m:1s fuerte y más bella ciue yo he visto. Tu mar se rompe en todas las playas: amor, amistad, in- teligencia, estuerzo, voluntad, osadía. Y si todas ceden, ¿qué te importan los peñas- cos cínicos de la muerte? Dime, hermano, con tu voz débil y bucna de enfermo, ¿qué tienes? Te prometo que quisiera ir ahora mismo a Montevideo, para ser tu úneio enfermero profundo, tu enfermero de ese mal para el que no hav farmacopeas ridí- culas ni eseulapios ornamentales. Hablaríamos ele nuestra fuerte vida, de la fatalidad terca y nuestra esperanza más terca, todavía. Y mi alma entraría a tu cuarto como un viento de ferrocarriles o un bárbaro olor ele océanos. Canal trabaja. Ha hecho unos poemas de una cortante emoción. "El revólver", "La tormenta".

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