Boletín de la Biblioteca Nacional Nº 22

18 nes y lógicamente el monto .de ingresos por derechos de aduana. Se agregaba a ello la falta de capitales y del "útil espíritu de asociación" de que tanto se quejaba Pan- da, para el incremento de la industria en sus más variadas manifestaciones. Por ello, la situación financiera del país para el año 1831 se presentaba aún más sombría, pues el Estado además de hacer frente a sus gastos habituales, tenía que abonar deudas a Colombia e Inglaterra por los préstamos realizados para las guerras de la emancipación V tenía que hacer efectivos los alcances de sueldos a civiles y militares correspondien- dientes al año fiscal de 1830, así como sumas adeudadas por concepto de cédulas de reforma militar, cuyo número aumentaba cada día. El origen de los males enumerados no estaba, a entender de Panda, sólo en los factores indicados. Tenían mucho que ver en ello, la falta de sentido práctico y la indiferencia de quienes habían manejado la hacienda pública hasta entonces; eso quc podríamos llamar la política de dejar pasar .todo y confiar su desenlace al tiempo. "Hay que proscribir para siempre -expresaba en su Memoria- aquella indolencia fatal que rehusa examinar los males que afligen a la Nación, por no tener el trabajo de curarlos: aquella indolencia que ha intentado alguna vez disfrazarlos por medio de pinturas lisonjeras y de las promesas ilusorias, que nos han conducido casi al borde del precipicio". (11) No obstante las condiciones desfavorables en que le tocó actuar, Pando realizó algunas reformas de orden hacendario. Ante la renuencia de lcs subprefectos en el cumplimiento de la recaudación de las contribuciones ordinarias, nombró visitadores para que los secundasen en sus funciones, aunque esta medida no fue una solución para el problema, ya que despertó el celo de aquellos funcionarios que, lejos de con siderarlos colaboradores los recibieron como fiscalizadores de su labor; renovó las téc- nicas de los sistemas de contabilidad que regían .. desde la colonia, que no obstante sus contínuas reformas no habían aportado mayor utilidad; aumentó el número de vi- gilantes en las caletas de Colán, Máncora y Amotape, para reprimir el contrabando que se realizaba en forma tan escandalosa; exoneró del pago de impuestos a los pro- ductores de aguardiente de Arequipa y suprimió las tenencias de aduana de Moque- gua y la receptoría de Majes; trasladó las oficinas de la aduana del Callao a Lima y deió allá sólo una tenencia; niveló el valor de los impuestos que por la exportación del aguardiente pagaban los agricultores de Lambayeque, con los que abonaban los de Pisco e lca; prohibió la enagenación de bienes laicales; apremió a los administradores de las tesorerías fiscales y rentas de la República, para la presentación de sus cuentas en la Contaduría General de Valores, dentro del término de los tres primeros meses del año subsecuente, así como a los prefectos, por circular de 10 de enero de 1831, para que conminasen a las juntas departamentales para la presentación de estadísticas, conforme a lo estatuído en su respectivo reglamento; dictó disposiciones para la re- gulación dd cobro de las contribuciones en todo el territorio de la República y para el fomento de la agricultura en la costa, más el cumplimiento de las leyes normati- vas del comercio interno e internacional, sobre todo en esto último en lo relativo al comercio con Bolivia, pues dispuso que las producciones bolivianas que fueran intro- ducidas en el Perú, para su consumo, estarían sujetas al pago de 4 % sobre el avalúo, o sea sobre el precio de la mercancía; suprimió la Dirección General de Temporali- dades de regulares de ambos sexos y destinó a sus servidores a sus empleos anterio- res; apremió, por decreto de 31 de marzo de 1830, a los prefectos para que garanti- zasen a los maestros de postas el ejercicio de su oficio. A más de ello, sometió al Congreso, para su aprobación, decretos relativos al uso y administración del papel sellado; a la supresión de las casas de Martillo y Baratillo; a la administración de (11) Pando, José María de: Memoria, cit. p. 28.,

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