Boletín de la Biblioteca Nacional Nº 22
17 Pero fue ilusorio el optimismo del Ministro, ya que la crisis económica impe- rante como consecuencia de las guerras de la emancipación; la invasión a Bolivia del año 1828; la guerra con la Gran Colombia; el latente conflicto con Bolivia, que obligaba al gobierno a mantener efectivos militares en permanente estado de alerta; más la anarquía y el desorden en el cobro de los impuestos y contribuciones y la multiplicación de éstos, no le permitieron disponer de superávit, ni cumplir con la sana política económica que se había propuesto llevar a cabo. Pensó, y con razón, que el remedio para conjurar estos males no estaba en la elevación del monto de las contribuciones, "carga pesada para los pueblos", sino en el fomento de la agricultura y la minería; en la reorganización del comercio internacional; en la reforma de la ley prohibitiva dc 1828 y en el dictado de las disposiciones semejantes a las que normaban el comercio entre los países vecinos; en el cumplimiento de los Arts. 98 y 99 de la Constitución, que obligaba a todo peruano hábil al pago de las contribucionts y en la uniformidad de la denominación y monto de las contribuciones directas (indí- genas y castas) y en la regulación de las de tipo indirecto (patentes, predios urba- nos, etc.); en el restablecimiento del decreto de junio de 1826, que declaraba en co- misión a los empleados de gobierno, a fin de despedirlos en caso de inmoralidad; en el pago de sueldos decorosos a los subprefectos encargados de la recaudación de las contribuciones; en la aplicación de las facultades coactivas a los funcionarios de la hacienda pública; en la división de los departamentos demasiado vastos, para una efi- caz administración; en la libertad de comercio y en la habilitación de puertos de de- pósito y de tránsito, semejantes a Valparaíso, que superaba notablemente al Callao por el volumen de sus operaciones mercantiles. Nuestro primer puerto, tan poster- gado hasta entonces, podría scr uno de ellos y con esto no sólo se lograría el incre- mento deslls'operaciones comerciales, sino promovería el aumento de las actividades concurrentes al de las labores marítima.s. "Mientras los puertos del Perú se hallan casi desiertos decía en su importante Memoria -los baques de todas las naciones abun- dan en el de Valparaíso- y hasta llegan a preferir el yermo de Cobija-, reina allí una gran actividad mercantil que tiene grande influj'O sobre el progreso de la riqueza pública y de la civilización". (10) Era preciso, asimismo, fijar cortos derechos por concepto de internación de las mercancías provenientes del extranjero, pues 5óló así se podía combatir el contraban- do, tan arraigado en el país. La creación de los estancos a base de las riquezas natu- rales, era igualmente imprescindible, ya que el Estado podía aprovechar de estos re- cursos en un momento de apremio y era no menos urgente la reducción de gastos por concepto de administración civil y militar, "con mano vigorosa y ánimo inflexi- ble" si fuera necesario. Pero, acaso olvidaba el Ministro, o desconocía la realidad ocupacional en el país y no reparó en el campo poco propicio que encontrarían sus reformas para el lo- gro de sus propósitos. En lo que toca a las contribuciones, el hecho mismo de la va- ricdad de la ocupación en la sierra y en la costa; los costos de vida, distintos en cada caso, así como el valor de los frutos de la tierra y el de la mano de obra, obligaban tácitamente al gobierno a mantener una tarifa fluctuante. Era posible sí, simplifi- car la abundante y a veces contradictoria legislación sobre la materia y aún fijar san- ciones menos severas para los omisos, puesto que las vigentes no se cumplían por su extremado rigor. Sin embargo, no sólo eran estos los problemas inmediatos que confrontaba el país en materia económica, habían otros de mayor trascendencia. La ,escasez de me- tales preciosos, como el oro y la plata; de bancos de rescate para su adquisición y dc casas de moneda para su acuñación, habían disminuído notoriamcnte las importacio- (la) Pando, José María: Memoria de Hacienda, 1830, p. 19.
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