Boletín de la Biblioteca Nacional N° 19-20

18 sabido, por la obra de los doctrineros católicos a través .de vocabularios, gra– máticas y piezas de variado tipo catequista, continuad<:;ls hasta nuestros días por franciscanos, redentoristas, jesuítas y otros, en devocionarios, catecismos, traducciones bíblicas, doctrinas cristianas, novenas y obras análogas. ' La pro– paganda protestante empieza aquí sólo en los años postreros de la Indepen– dencia a través del curioso personaje Vicente Pazos Kanki. prosiguiendo ais– ladamente a fines del siglo con evangelistas anglosajones y a comienzos del si~ g10 XX con Clorinda Metía de Turner traductora de los Evangelios. para to– mar luego formas, institucionales y sistemáticas con las Sociedades Bíblicas norteamericanas e inglesa y otros organismos. No es, por cierto, el sector religioso, con ser tan nutrido, el único que se destaca en la bibliografía quechua y aymará. Hay en ella singulares expo– nentes de carácter literario, sea de formación culta o de tipo netamente popu– lar. Entre los primeros se destacan las ediciones de Ol/anta)", obra escrita en quechua, traducida al español, al inglés, al alemán. al francés, al italiano. al latín y al checo y acerca de la cual existe una larga serie de comentarios y es– tudios e inclusive una ópera y una novela. Los varios autos sacramentales y las muchas poesías religiosas o profanas coloniales en quechua no quedaron sin continuadores: y en el siglo XIX y XX existieron en ese idioma varios litera– tos entre ellos Luis Cordero que llegó a ser Presidente del &uador, Juan Bau– tista Cordero. Carlos Felipe Beltrán. Jesús Lara, Luis Zárate Araujo, Felipe Pizarra en Bolivia. y en el Perú, Luis Carranza, Manuel Nicanor Jara. José Lucas Caparó Muñiz, Inocencia Mamani, Salvador Cavero, Mariano C. Ro– dríguez y demás autores en el mismo idioma. A estos hay que agregar los re– copiladores e investigadores como Adolfo Vienrich, el gran precursor digno de especial homenaje y más recientemente J. M. B. Farfán, J. A. Lira, José María Arguedas, Porfirio Meneses, Leopoldo Vidal Martínez, Napoleón Burga, sin ol~ vidar por eUo las expresiones musicales recogidas por Raúl y Margarita D'Har– court, Fray José Pacífico Jorge, Daniel Alomías Robles, Teófilo Vargas entre otros y los nutridos cancioneros populares y las colecciones anónimas. En el campo lingüístico propiamente dicho el quechua JI el aymará han dado lugar a peregrinas teorías del mas variado jaez. El boliviano Emeterio Villamil de Rada dijo que el aymar-á había' sido la lengua de Adán escribiendo un libro con ese título p.ara tratar de probar su peregrina tesis. Se ha hablado del estrecho parentesco entre nuestros idiomas aborigenes y las lenguas semÍ– ticas, arianas, turanianas o polinesias, así conlO con el japonés y el vasco. Aparte de los esfuerzos entusiastas y tenaces pero no científicos dE aficionados audaces o de sabios fanatizados, ha habido y queda todavía en buena parte un vasto filón por explotar a través del estudio paciente. objetivo y técnico, su– perando cualquier perjuicio emocionaL El valor de los dos grandes idiomas andinos es enorme para todo el que Quiera conocer las altas culturas dd Perú prehispánico, así como la perdura– bilidad de sus formas y de su espíritu a través de los siglos. Interesan el uno como el otro, pues, el historiador. al geógrafo, al literato. al antropólogo, al etnólogo, al folklorista, al sociólogo, al religioso y aún al político y no sólo al lingüista. En relación con la educación, ]a persistencia del quechua y del ayrnará en las zonas donde los índices del analfabetismo son más altos en nuestro país crea problen1as que necesitan las más cuidadosa atención. Según cálculos he– chos con relación al 30 de junio de 1957 en el Ministerio de Educación Pública, hay en el Perú entre los 7 y 16 años una pOblación alfabeta de 1'257.253 y una población analfabeta de 943,575; y entre los 17 y más años una población al-

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