Boletín de la Biblioteca Nacional N° 19-20
19 fabeta de 2'310,673 y una analfabeta de 2'401,905. Es decir la cantidad de analfabetos en el país llega a más de 3 millones y 345 mil personas. E] proceso de enseñar a leer y a escribir de los niños y adolescentes y el de impartir la educación fundamental necesita tener el complemento y el paralelo indispensable en análoga tarea que, dentro de CaUces propios, debe realizarse coI). los adultos. El educando no es hoy sólo el niño: lo es toda la población que necesita elevar su nivel de vida. Al acercarse a esos sectores disgregados del alma nacional se constata que, en la mayoría de los casos, su habla no es castellano. sino, sobre todo, el quechua o el aymará. Los por– centajes más bajos de alfabetismo están en Huánuco (37,80%), Puno (30.87%), Cuzco (28.43%), Huancavelica (28.26%), Ayacucho (26.70%) y Apurímac (22.75%). El castellano debe ser el medio usual de comunicación de unos peruanos con otros peruanos; constituye además. el. instrumento que, por su vasta área léxica, nos pone en contacto con la. cultura y la ciencia de nuestro tiempo. pues aún en la actual era de la velocidad, del aeroplano. de la energía atómica y del comienzo del transporte teleguiado, no se ha difun– dido ni parece propagarse una lengua universal. Pero. tratándose de los sec– tores de nuestra población que no hablan, en sus hogares o entre ellos mismos el idioma españolo que lo hacen deficientemente, despreciar, ignorar o vi1ipen~ diar el que emplean no sólo sería vano y fútil sino política y socialmente in– sensato. Podía alegarse acaso que periódicos tan meritorios Runa Soncco, ór~ gano eventual de la sociedad rural Rijchary que fundara hacia 1934 Manuel Núñez Butrón grande e injustamente olvidado trabajador intelectual muerto en 1952: o periódico aislados de sentido proselitista como Nucat1.chic, Al1pa, órgano de la federación ecuatoriana de indios aparecido en distintas épocas; o libros de lectura como Yachasunchis, (Aprendamos) que empezó a aparecer en el Perú durante la campaña de aliabetizadón de 1944 y como Yachay-huasi publicado e~ Quito por Reinaldo Murqueyto en 1945, alcanzaron, en realidad una difusión" menor de lo que sus autores y editores hubiesen querido. Pero el desarrollo de la radio y. en general, el adelanto de las llamadas ayudas audio– visuales incluyendo el cine dan empleo en el lenguaje hablado, al lenguaje en idioma aborigen. una posibilidad de aplicación que el escrito nunca podrá te– ner. La enseñanza en idiomas aborígenes oral y también la escrita puede así. ser un instrumento de trabajo básico para ampliar los conocimientos, ayudar a elevar el nival de vida, fortalecer la conciencia patriótica servir como puen– te y camino y favorecer la progresiva participación en el quehacer común na– cional de los grupos de población que han nacido y crecido dentro de dichos lenguajes. Los acuerdos adoptados al respecto en reuniones internacionales han sido concretos. No s610 en los Congresos indigenistas sino también en otras asambleas: la JI Conferencia Panamericana de Mujeres (Lima 1924-25), la 1I Conferencia Interamericana de Educación (Santiago 1934), el Vn Congreso Científico Panamericano (México, 1935), la In Conferencia Interamcricana de Educación (México, 1937), el Seminario Regional de Educación en América Latina (Caracas, 1943) la I Reunión del Consejo Interamericano Cultural (México, 1951), Análogo ha sido, en lo esencial también el resultado de las sesiones que tuvieron lugar en París en 1951 con expertos de catorce naciones convocados por la Unesco, entre los que se contaron un mexicano y dos de Esta– dos Unidos. país este último en el que se han realizado interesantes experien– cias pedagógiCAs con los 400,000 habitantes que aún hablan idiomas indígenas. El estudio del quechua y del aymará, que ahora cuenta ya en nuestro país con las dos mil piezas bibliográficas que la colección Rivet abarca y que se suman a las antes existentes, reforzándolas, no sólo debe servir, pues, para
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