Boletín de la Biblioteca Nacional N° 19-20
16 temores de unos y del escepticisco de otros, esquivando posibles roces diplo– máticos y resolviendo perentorias dificultades económicas., cuando, p~r direc– tiva vuestra, señor Presidente, esa colección fué adquirida con, fondos del Es– tado y una voluntaria contribución de particulares que recogió el Dr. Manuel Vicente Villarán, para ser rápidamente encajonados y trasladados a la Emba– jada del Perú en Buenos Aires y embarcados por fin en el vapor nacional Rimac. Consistente, sobre todo, en libros acerca de la historia y lageografia de América del Sur y ep. joyas bibliográficas desde el punto de las ediciones mis~ mas, los veinte mil volúmenes que reuniera el ex-Presidente Justo, incrementa– ron también,de un modo u otro, nuestra sección Quechua y ayrnará. Dejásteis constitucionalmente el Gobierno. señor Presidente en julio de 1945. El compromiso contraído me retuvo en la Biblioteca Nacional de donde me retiré después de haber cumplido con abrir sus. puertas; en setiembre de 1947 el Departamento de Niños; y entre, noviembre del mismo año y enero de 1948, las Salas Pern, Consulta General, Ciencias, Periódicos e Investigaciones Bibliográficas. Hoy nos congrega aquí, en esta sala, en cuyo plano intervinisteis perso– nalmente, otra jornada que simboliza una nueva importación de invalorable material bibliográfico en un país en el que tanto se ha lamentado la exporta– ción de nuestro patrimonio cultural. Por decisión vuestra, señor Presidente, el Perú ha adquirido, a través del Ministerio' de Educación la colección quechua y aymará que integrara la biblioteca antropológica y etnológica de Paúl Rivet. Paúl Rivet es una figura de relieve mundial que merece el respeto uná– nime de todos los que se dedican a la ciencia y de todos los hambres de bien A ello 10 hacen acreedor su vasta obra de sabio, sus bellas realizaciones en el Museo del Hombre de París, su infatigable aliento que ha vivificado por mu– chos años a la Sociedad de Americanistas de aquella ciudad y al notable Journal que ella edita, su altiva conducta durante la última guerra mundial; e, inclusive su más reciente gira por América Latina y otras regiones, cuando. a pesar de la edad y abandonando sus ocupaciones habituales, vino a tratar de hacer comprender a nuestros países con vehemencia y lucidez los puntos de vista de Francia en su política en Africa del Norte. Comenzó a reunir Rivet toda clase de publicaciones en quechua y ayma– rá o acerca de esos idiomas en 1908. Para incrementarlas, a lo largo de más de cuarenta años. Su constancia y su acuciosidad singularísima supieron hacer uso de los reiterados viajes por Europa y América. En el primero de dichos continentes Rivet sólo o acompañado por su colega Georges de Créqui-Montford visitó librerías, bibliotecas, museos, uni~ versidades ti otros institutos de Francia, Alemania. Bélgica, Dinamarca. Espa– ña, Inglaterra, Italia, Suecia y Checoeslovaquia; y en América recorrió más de una vez Estados Unidos, México, El Salvador, Colombia, Ecuador, Perú. Chile, Bolivia. Argentina y Uruguay. Como director del Museo del Hombre y del Journal de la Sociedad de Americanistas pudo, además, estar en contacto permanente con libros, folletos, periódicos, autores y editores relacionados di~ recta o indirectamente con los idiomas, la vida y la cultura aborigen. Su casa en París cuyo adorno más preciado estaba en su biblioteca, fue durante mu– chos años como vos 10 sabéis por propia experiencia, señor Presidente, lugar de reunión y de cita dominicales de hombres de ciencia, artistas, ,escritores y aún estadistas americanos y americanistas. Lentamente, con la larga pacien– cia que produce las obras perdurables, pudo, con Créqui-Montford, preparar su monumental obra de bibliografía de las lenguas ayrnará y quechua Que co-
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