Boletín de la Biblioteca Nacional N° 19-20
15 za~ halla hoy ofídalmente ingreso la colecdón quechua y ayn1ará que perte– neciera a Paul Rivet. Los que asumimos hace sólo catorce años, por encargo y bajo cons– tantes directivas vuestras, las angustiosa tarea de iniciar la tercera Bibiioteca Nacional, nunca desoímos la obligación de reunir en forma sistemática, por todos los medios lícitamente posibles, sus fondos peruanos deshechos. Dentro de ellos, los concernientes a los idiomas aborígenes no podían ni debían que– dar pospuestos. Algunas joyas bibliográficas guardadas en el despacho de la Dirección: al que no llegó el incendio sirvieron de punto de partida para el nuevo ordenamiento. Entre \05 manuscritos que, por otra parte, en tarea de largos meses, recogimos del suelo humedecido y enlodado, estuvieron algunos como el de Justo Apu Sahuaraura Inca en el que se encuentra una versión de Ol1anta y otra del auto sacramental en quechua Usea Páuear también llama– do El Patrocinio de Nuestta Señora de Copacaban8. A más de mil quinientos llegaron apenas los impresos rescatados uno a uno a veces hoja por hoja del siniestro: y entre ellos no faltaron, por cierto, los relacionados con el quechua y el ayrnará. Pero 10 más sustancial estuvo en las nuevas adquisiciones. Por canje como ocurriera con la vieja biblioteca de los jesuítas que se guardaba en el Colegio de La Libertad de Moquegua y con algunas obras del Convento de Ocopa. Por compras de Lima donde obtuvimos la biblioteca del Dr" Horacio H. Urteaga y parte de la del Dr. Fortunato Herrera; o en provincias, de donde llegaron. entre otros desde Puno el material de don Washington Cano y el re– fuerzo proveniente de libros de la antigua Universidad de Ayacucho, en poder de la familia Montes de Oca; o en el extranjero, a través del contacto con di– versos 'libreros especializados, entre los que evoca a Julio Suárez de Buenos Aires y a Francisco Casanovas de La Paz y a la casa Argos de Nueva York. Como donativos, entre los que se destacan el que en plena guerra mundial via~ jó desde Suecia y que organizara el sabio Henry Wassen, Sub-Director del Museo Etnológico de Gotemburgo; y los que se sucedieron desde Estados Uni– dos incluyenc.v copias fotográficas o en microfilm de manuscritos peruanos de diversas bibliotecas, ninguno de los cuales posee acaso el valor histórico del primer libro de cabildos del Cuzco que tanto trabajo costó obtener de la Bi~ blioteca Margan de Nueva" Ybrk. En el Bol~tin de la Biblioteca Nacional, puntual y modesto registro de nuestro paulatino renacimiento y desarrollo, pudimos anunciar ya en el N'·' 3 correspondiente a abril de 1944, casi al año del desastre, que atesorábamos incunables limeños como el primer libro impreso en América del Sur o sea la Doctrina Cristiana editada por Antonio Ricardo en 1584, el Tercer Catecismo también impreso por Ricardo en 1585 y el Confesionario para los cura", de in– dios del mismo año, más algunas piezas fundamentales como el Simbolo Ca– tólico Indiano y el Rifuale seu manuale . .... del ayacuchano Luis Gerónimo de Oré, el Ritual Formulario por Juan Pérez de Bocanegra, el Vocabulario y la Gramática de Holguín, el Arte de la Jenguc aymará y e/arte y Vocabulario de la lengua quechua de Torres Rubio, el Arte de la Lengua General de Roxa Mexia y Ocon. el Vocabulario en dos ejemplares y La Vida y Milagros de Je– sucristo por LudoYico Bertonio y otros varios libros de análoga o menor im– portancia. Siguieron viniendo gradualmente las adquisiciones aisladas o en grupo; oi,;asuales o buscadas en librerías, o por medio de avisos en los periódicos, o a trasvés de comisionados en provincias o agentes en el extranjero. A comienzos de 1945 empezó el episodio apasionante e intrincado de la compra de la bi~ blioteca del ex-Presidente de la Argentina General Agustín P. Justo que, des– pués de incidentes múltiples de distintos matices, concluyó a pesar de los
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