1926—; finalmente, consignó que el depósito legal se cumplía en todos los países. La información al respecto, sin embargo, deber ser considerada muy cuidadosamente, ya que el cumplimiento pudo ser únicamente de carácter provisional, motivado por el estudio que efectuaba el célebre especialista estadounidense. Cuadro 6. Algunas características de las bibliotecas nacionales de América Central alrededor de 1936-1937 País Volúmenes Funcionarios Uso de sistema Dewey Depósito legal Total de lectores que podían ser atendidos a la vez Lectores por año Guatemala 27 431 6 Sí 70 5002 El Salvador 22 000 14 Sí Sí 95 Honduras 22 000 Sí 5784 Nicaragua 15 150 Sí Sí Costa Rica 106 248 17 Sí Sí 100 48 868 Panamá* 8000 7 17 *Los datos corresponden a la Biblioteca Municipal Colón, cuyos fondos fueron la base de la Biblioteca Nacional de Panamá. Fuente: Gropp, 1941 (pp. iii, 14-17, 380-383, 493-494, 522-523, 543-544, 566-567). La creciente alfabetización popular —86,7% en las capitales provinciales, 68,1% en las cantonales y 58% en el campo de las personas de nueve años y más en 1927— fue la base para que, en el caso costarricense, la institución imaginada por los políticos e intelectuales liberales como un baluarte de la ‘ciencia’ y el ‘progreso’ se convirtiera a la vez en una difusora estratégica de la cultura de masas, en su versión impresa (Dirección General de Estadística y Censos, 1960, pp. 44-53). El líder comunista Carlos Luis Fallas Sibaja, en una novela autobiográfica titulada Marcos Ramírez publicada en 1952, evocó cómo en la década de 1920, después de laborar durante el día como aprendiz de mecánico en los talleres del Ferrocarril al Pacífico, en las noches se escapaba a la Biblioteca Nacional «a leer libros amenos e interesantes» (Fallas Sibaja, 95
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