Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

más de 3000 obras por año (Bascom & Scoulder, 1916, p. 97). El vertiginoso crecimiento descrito se explica, en mucho, por el decisivo apoyo estatal a la educación —en particular, a la alfabetización popular— que contribuyó a ampliar y diversificar la cultura impresa y su consumo. La expansión del aparato escolar fue uno de los ejes del agudo contraste social y cultural entre Costa Rica y los otros países del istmo centroamericano. El avance del alfabetismo costarricense, en especial en el universo urbano, dejó su impronta en el incremento que experimentó la asistencia a la Biblioteca Nacional a comienzos del siglo XX, cuyo promedio diario se elevó de 200 a 500 lectores entre 1910 y 1914 (Gólcher, 1988, pp. 134137). Las cifras de 1926, aunque más conservadoras (32 249 individuos atendidos por año en tal institución), superaban por mucho a las de sus contrapartes de Guatemala (cuyos datos corresponden a 1922), El Salvador y Honduras: 3600, 14 500 y 4999 personas anuales, respectivamente (Babcock, 1928, pp. 39, 41). La diferencia demográfica era mayor con las capitales guatemalteca (112 086 personas en 1921) y salvadoreña (88 508 habitantes en 1929), cuya población superaba ampliamente a la de San José (50 580 individuos en 1927) (Gellert, 1990, p. 44; Lungo Uclés & Baires, 1988, p. 150; Dirección General de Estadística y Censos, 1960, p. 36), por lo que un cálculo per cápita de la consulta de obras ampliaría todavía más la ventaja josefina. La extraordinaria expedición que Gropp realizó entre 1937 y 1938 a diversos países y colonias de América Central y el Caribe para documentar el estado de sus bibliotecas públicas y privadas, y de sus imprentas, librerías y archivos permite considerar el caso de Costa Rica en una perspectiva comparativa más apropiada. El cuadro 6 evidencia que, con respecto al periodo 1922-1926, las colecciones de Guatemala, El Salvador y Honduras se incrementaron respectivamente en un 14,3%, un 51,7% y un 46,7%; en contraste, la costarricense aumentó apenas en un 5,6%, una proporción que probablemente fue resultado del impacto de la crisis económica de la época. La investigación de Gropp constató también que el sistema Dewey —un método de clasificación que empezó a utilizarse en Estados Unidos en la década de 1870 y posteriormente se expandió en ese país y en el exterior— comenzaba a ser utilizado en América Central; además, corroboró la ventaja costarricense en relación con el número de lectores atendidos anualmente —un incremento del 51,5% en comparación con los datos de 94

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