Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

La escasa presencia de autores del país en los fondos bibliográficos centroamericanos se explica, además, porque no existía o no se aplicaba el depósito legal. La directora de la Biblioteca Nacional de Nicaragua, Trini Medal, se quejaba en un informe de 1931 de que la sección de obras nicaragüenses era casi inexistente y de que prácticamente tenía que rogar a los escritores para que donaran una copia de sus obras. La experiencia de Costa Rica a inicios del siglo XX se diferenció de manera significativa de la del resto de sus vecinos, dado que la ley de imprenta de 1902 estableció que todo impresor estaba en la obligación de enviar a la Oficina de Canje dos ejemplares de cada publicación que realizara (Coloma González, 1995, p. 371; Solano Murillo, 1995, p. 99). ALFABETIZACIÓN, CULTURA DE MASAS Y LECTORES Las diferencias entre las bibliotecas nacionales centroamericanas se ampliaron y consolidaron al empezar el siglo XX: en tanto las de El Salvador, Guatemala y Honduras contaban respectivamente con 14 500, 24 000 y 15 000 volúmenes para los años 1922-1926 (la fuente consultada no brinda información sobre la de Nicaragua), la de Costa Rica, con 100 617 volúmenes y un incremento de 1251 volúmenes por año, se ubicaba entre las principales instituciones latinoamericanas de su tipo: en el noveno lugar entre las once más grandes (Babcock, 1928, pp. 156-164). El bibliotecario del Middle American Research Institute de Tulane University, Arthur Gropp, estimó que entre 1937 y 1938 la colección costarricense comprendía unos 100 000 volúmenes (véase el cuadro 6), cifra que fue corroborada por el guatemalteco Joaquín Méndez en 1940 (Brenes Rosales & Cortés Enríquez, 1988, pp. 39, 41) y con menos precisión por el nicaragüense Rubén Valladares S. (1943, pp. 20-21), quien afirmó que contenía más de 80 000 volúmenes y la definió como una «catedral del libro». De ser correctos, estos cálculos sugieren que la información de 1926 pudo estar sobrevalorada o que más probablemente —como se verá más adelante— el acervo bibliográfico creció mínimamente en el contexto de la crisis económica internacional de la década de 1930. Los datos conocidos refuerzan la impresión de que la biblioteca costarricense alcanzó un límite a finales del decenio de 1920: el tamaño de la colección, en efecto, ascendió de 3484 volúmenes en 1888 a 10 242 en 1896-1897, y a 52 158 en 1916; en esta última fecha, el incremento era de 93

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