Centroamérica—. La proporción de estos últimos, en el local que Emilio Villacorta poseía en San Salvador, representaba una cifra todavía más baja en la década de 1920: apenas un 0,9% (10 de 1095 obras) (Librería Española, 1908; Diario Oficial, 1923). ESCRITORES A CONTRACORRIENTE El espacio que les quedó a los tempranos escritores nacionales fue ínfimo: sin fondos y faltos de estímulo, entre el escepticismo y el desinterés, fueron a veces el eje de vivos debates, como el que provocó la exposición internacional que se celebraría en Santiago de Chile en setiembre de 1875. La Junta de Granada (Nicaragua), al preparar el catálogo de lo que se enviaría a ese evento, advirtió que el país carecía de obras literarias dignas de ser exhibidas, ya que «las reducidas [...] que hoi van formando nuestra Biblioteca Nacional están incompletas para ostentarlas en un país progresista por escelencia». La severa decisión de la Junta, una vez conocida, fue cuestionada muy fuertemente: [S]i tenemos obras literarias aunque pocas é incompletas, como dice la Junta, debieron enviarse para dar una idea de lo que somos [...]. Ni se diga tampoco que carecemos de obras ó que las que hai son incompletas. Las obras de Rosales hacen honor á Centro América. Los opúsculos que sobre varias materias i en distintas ocasiones publicaron Zavala, Benavente, Buitrago, Zepeda, Juares, Guerrero, Cortés, Selva, Ayón, Estrada i otros tantos hombres eminentes [...] no son [...] [indignos] de figurar en una Biblioteca (Gaceta de Nicaragua, 1875). La actitud de la Junta, sin embargo, no era excepcional y fue compartida incluso por algunos de los tempranos y cosmopolitas escritores centroamericanos. El costarricense Ricardo Fernández Guardia (18671950) fue quizá un caso extremo, puesto que, tras cursar la escuela en París, volvió a San José en 1878; y, en junio de 1894, después de otras estadías en Europa (Sotela, 1920, p. 38), afirmaba: [...] se dice el arte griego, el arte romano, la literatura francesa, las letras españolas. ¿Y cuándo [...] podría decirse el arte o la literatura costarricense? Yo, Dios me lo perdone, me imagino que nunca [...] nuestro pueblo es sandio, sin gracia alguna, desprovisto de toda poesía y originalidad que puedan dar nacimiento siquiera a una pobre sensación artística [...]. Se comprende sin esfuerzo que con una griega de la antigüedad, dotada de esa hermosura espléndida y severa que ya no existe, se pudiera hacer una Venus de Milo. De una parisiense graciosa y delicada pudo nacer la Diana de Houdon; pero, vive Dios que con una 82
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