Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

La temática de los impresos a su vez era limitada: en El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, el 71,4% del total de títulos (1874) correspondía a obras que versaban sobre asuntos políticos, económicos, legales y educativos, o a reglamentos, estatutos y memorias. El porcentaje alcanzado por textos de otro tipo era muy bajo: 6,8% en literatura, 6,4% en historia y geografía, 3,3% en ciencias, 3,2% en medicina, 2,6% en religión, 1,6% en filología, filosofía y lingüística y 4,7% en otras áreas (García Villas, 1952; Dobles Segreda, 1927-1936, 1968; Latin American Bibliographic Foundation & Ministerio de Cultura de Nicaragua, 1986; García, 1971, t. 1, pp. 26-45 y 126-147; Valenzuela, 1961-1962). La baja proporción de textos devotos evidencia cómo la actividad tipográfica —en la que influían decisivamente los Estados mediante sus propias imprentas — contribuyó a la secularización social. El tardío despliegue historiográfico y literario fue influenciado, en los cuatro casos, por la construcción cultural de la nación. Este proceso, que se inició o intensificó después de 1870, fue lento y limitado, y supuso, aparte de la fundación de instituciones —museos, teatros, colegios, bibliotecas y archivos—, la emisión de monedas, la formación de un panteón de héroes, la inauguración de estatuas y monumentos, y la práctica de un conjunto variado de tradiciones nuevas, especialmente de las fiestas cívicas en torno a un evento o a una figura (Díaz Arias, 2013, pp. 64-97). La conformación de una cultura nacional en los distintos países centroamericanos tuvo un éxito desigual, según fuera el trasfondo social, étnico y político de cada experiencia. El ascenso del capitalismo agrario en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua se caracterizó por diversas formas de violencia en el campo, dirigidas principalmente contra los indígenas y asociada a los enfrentamientos por las tierras comunales. Los conflictos referidos fueron particularmente intensos en los dos primeros países, y más atenuados en los casos hondureño y nicaragüense, en los que la intervención extranjera —empresas o fuerzas militares estadounidenses— fue decisiva (Mahoney, 2001; Pérez Brignoli, 2010, pp. 87-120; Woodward, 1999, pp. 120-223). La difusión del nacionalismo, en un contexto de expropiación fundiaria y coacciones extraeconómicas en las áreas rurales, se concentró en el mundo urbano y, entre los sectores populares, se limitó a los artesanos y obreros (Acuña Ortega, 1994, pp. 145-164). La experiencia capitalista de Costa Rica fue diferente: un campesinado mercantil, con un acceso desigual a la propiedad territorial, presionó eficazmente para asegurarse un espacio vital 79

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