que dan cuenta de un clima de ideas homogéneo o con fisuras débiles y escasamente perceptibles, a través de tres mecanismos recurrentes: asociar este clima con el rótulo de positivismo, solo matizado en los últimos años; poner parcialmente en duda el clima homogéneo de positivismo y buscar otras expresiones intelectuales, pero también corales, entre las que se destaca el clima del nacionalismo cultural; y estudiar figuras paradigmáticas e indiscutidamente representativas; y iv) un eje de interpretaciones que se ordena en torno a la idea que transpola un periodo preprofesional, en el que las tareas intelectuales eran ejercidas por diletantes o amateurs, con la etapa de la especialización disciplinar (Bruno, 2007, 2009, 2011). A la vista de estas afirmaciones, se puede sugerir que las intervenciones y los itinerarios de destacados hombres de cultura aparecen desdibujados o relegados en el marco de la presentación de climas ideológicos o intelectuales generales, o que su quehacer y su obra se relacionan de manera estrecha con las necesidades del Estado —no siempre pensado en términos de un Estado dinámico y en formación—. Así, algunos personajes que no son considerados —por no ser estimados representativos o sintomáticos— quedan condenados a las filas de la opacidad o engrosan elencos de nombres indiferenciados dentro de rótulos abarcadores. A su vez, y complementariamente, las corrientes de ideas, los principales tópicos y los problemas centrales de la historia intelectual argentina del periodo han sido abordados, prácticamente de forma exclusiva, con la finalidad de buscar lo característico y lo homogéneo. Las trayectorias de Groussac y de varios de sus contemporáneos permiten discutir algunos de estos supuestos en varios ámbitos, que expongo en las próximas líneas. Refiriéndose a su nombramiento como director de la biblioteca central —usando la tercera persona—, Groussac recordó: «[La Biblioteca] era, cuando él la recibió, un caos de treinta mil volúmenes alineados sin orden en una casa secular en ruinas, privada de aire y luz. Conformó allí una biblioteca bastante presentable, instalada en un local cómodo» (Groussac, s.f.). Ordenar la biblioteca fue una tarea costosa pero posible y Groussac se ocupó durante años de concretarla. Como se ha mostrado, desde la Biblioteca Nacional montó numerosos proyectos: bregó por la ordenación y modernización del repositorio; promovió la publicación y la difusión de algunos conocimientos desde las revistas; participó activamente en debates y polémicas; y promocionó diversas actividades culturales. El hecho de 67
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