Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

solían ser de una personalísima arbitrariedad, siempre eran respetadas» (González Lanuza, 1961, p. 8). Martín Aldao narró, por su parte, que cuando publicó su primer libro, a los veintiséis años, prefirió no entregárselo. Luego de señalar que Carlos Pellegrini le habría pasado el libro a Groussac y que los tres habían coincidido en unas vacaciones en Mar del Plata, Aldao transcribió este parlamento: «No me he animado, señor Groussac, a mandárselo. Es usted un crítico tan severo, que preferí pecar por omisión a exponerme a recibir uno de sus mandobles. ¡Cuántas víctimas suyas andan por ahí, cabizbajas…!». Contaba, además, que Pellegrini le habría dicho: «este francés tremendo, este ogro no le pega, Aldao, a su libro. ¡Qué milagro!» (Aldao, 1948, p. 25). En idéntico tono Ángel Gallardo (1982) y Alberto Casal Castel (1942) describieron a Groussac como un hombre intratable y muy desalentador con los jóvenes, pese a que habría sido amable con ellos en alguna ocasión. Quizás esta fama que ganó entre sus contemporáneos generó una distancia entre él y otros intelectuales de la época. Este hecho puede explicar la escasa repercusión que tuvieron los eventos culturales que organizó desde y en la Biblioteca Nacional, como ciclos de música y conferencias —estas últimas con el propio Groussac como protagonista—. Aunque los eventos lograban convocar a una concurrencia «muy selecta», como señaló una de las asistentes, alguna de estas reuniones podía resultar «erudita, pero espantosamente pesada»; en distintas ocasiones «el público daba señales de impaciencia, tosían, golpeaban con el bastón» (Bunge, 1965, p. 54). Groussac mismo manifestó desilusión con los efectos que generaron estas iniciativas. En este sentido, Martín Aldao apuntó que, en una oportunidad, mantuvo este diálogo con el director: —¿Dará usted otra conferencia en la Biblioteca? —le interrogué a fin de substraerle de su ensimismamiento. —¿Para qué? A nadie le interesan, nadie vendría. —¿Piensa usted, realmente, que no interesan a su amigo Juan Agustín García y a otros? —Ni a Juan Agustín ni a Juan de los Palotes les importa lo que hago por la cultura nacional (Aldao, 1948, p. 28). DIRECTOR DEL SABER, NO DEL PODER 64

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