Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

comentarios bibliográficos, Groussac se encargó de reseñar Los raros y Prosas profanas (Groussac, 1896b y 1897a). Pese a ello, no depositó demasiadas expectativas en la riqueza de la corriente estética encabezada por el poeta nicaragüense26. Por su parte, los Anales de la Biblioteca contribuyeron a difundir el patrimonio histórico y divulgar documentos inéditos sobre la historia rioplatense que existían en la Biblioteca Nacional. En el mismo sentido, el hecho de que en sus páginas aparecieran, por ejemplo, las primeras referencias a los metodólogos de la Historia y a los debates acerca de la disciplina histórica como rama del saber muestra que Groussac estuvo aggiornado y fue un activo difusor de novedades. DIRECTOR POLEMISTA Y MAESTRO SIN DISCÍPULOS Durante los años en los que Groussac consolidó su perfil como editor y promotor cultural desde la Biblioteca Nacional, se definió también como un notable polemista. Su fama como tal fue extendida y entabló debates con personajes centrales de la cultura argentina, incluyendo a Bartolomé Mitre, Miguel Cané, Calixto Oyuela, Manuel Láinez, José Manuel Estrada, Pedro Goyena, Eduardo Schiaffino, Norberto Piñeiro, José Ingenieros, Rómulo Carbia, Diego Luis Molinari y Leopoldo Lugones, entre otros (Bruno, 2005). Varias son las referencias al ejercicio de esta práctica, entre ellas la caricatura de Cao que lo retrató como un gallo desafiante, con un epígrafe en el que se lee la siguiente rima: «Como tiene un espolón/de sólida erudición,/le alza el gallo y le pelea/á cualquier otro, aunque sea/ el gallo de la Pasión»27. También pueden mencionarse el apodo de «el ogro de Perú y Moreno»28; la sentencia borgiana: «hubo en Groussac otra cosa que las reprensiones del profesor, que la santa cólera de la inteligencia ante la ineptitud aclamada. Hubo un placer desinteresado en el desdén» (Borges, 1996, p. 233); y las expresiones de Rubén Darío (1898): «el hombre que devora vivas las gentes», «el descuartizador» y «el condestable de la crueldad». En el contexto de las polémicas, Groussac utilizó como arma la crítica en varios planos: como un instrumento de autoconsagración y de difamación del otro, como un medio por el cual acceder a la legitimación de lo sostenido y como procedimiento de anulación de trayectorias o de producciones realizadas en el marco de prácticas intelectuales específicas. Mientras que para algunos jóvenes debatir con él pareció ser parte de una 62

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