Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

de director de la Biblioteca Nacional y que hicieron que la institución fuera una referencia de la vida cultural. DIRECTOR PIONERO Y EMBAJADOR CULTURAL Una de las primeras medidas puestas en marcha por Groussac consistió en generar un diagnóstico acerca del pasado y la actualidad del repositorio y escribir una historia-informe en función de los datos relevados16. En el escrito resultante, la historia del país, sus emprendimientos culturales y la historia de la biblioteca se conjugan en un único relato. Allí, la Biblioteca Pública aparece como una maqueta —modelo pequeño pero representativo — de la cultura y la historia nacionales: creada por decreto de la Junta Gubernativa del Río de la Plata en 1810, el destino de la institución condensaba la imposibilidad de generar empresas culturales estables en el contexto posterior a la Revolución de Mayo. Aunque podía encontrarse en personajes como Mariano Moreno y Bernardino Rivadavia el germen de la Ilustración y la voluntad de desarrollar la esfera cultural del joven país, sus acciones, civilizadoras en otros aspectos, no lograron reflejarse claramente en la biblioteca. La época de Juan Manuel de Rosas, por su parte, fue para Groussac portadora de los males más profundos para la cultura, entendidos como efectos del avance de la «descivilización». Solo después de Caseros, lentamente, el destino de la Argentina pudo ser reconducido. En cada una de estas clásicas estaciones históricas, los directores de la biblioteca central —descritos y caracterizados en breves semblanzas biográficas— eran retratados como portadores de los síntomas de su tiempo y, en sintonía con los hombres políticos de cada etapa, artífices de los progresos y retrocesos del establecimiento. Ahora que el país estaba en manos de estadistas capaces de conducirlo por el camino del progreso y la modernización, el director de la Biblioteca Nacional podía hacerse eco de ese clima de época y ordenar un espacio por él considerado clave para el desarrollo intelectual del país. Desde su cargo, Groussac se convirtió en un articulador cultural, un puente entre dos mundos: el francés y el argentino. Este rol se evidencia en varios episodios. Por ejemplo, a mediados de la década de 1880, se le solicitó una obra histórica monumental sobre la Argentina para ser presentada en la Exposición Universal de París de 1889, finalmente no concretada; en 1910, escribió un texto sobre las Islas Malvinas destinado al mundo diplomático internacional; fue delegado por la Argentina en el 57

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