retiro: «Diez y siete años llevo al frente de la del Perú, y cada día estoy más apasionado de mi hija literaria y más alejado de los partidos y de las ruindades. Vivo como San Gilando en el cielo, que ni Dios hace caso de San Gilando, ni San Gilando de Dios. Ni los gobiernos se acuerdan de mí, ni yo de los gobiernos» (2005, II, pp. 377-378). En sus cartas personales y en los oficios dirigidos al gobierno, Palma se quejó una y otra vez de la insuficiencia del presupuesto asignado por el Estado para gestionar la biblioteca, la indiferencia hacia su labor como director y la precariedad de su estado de salud. A pesar de todo ello, persistió en su tarea y su despacho se volvió una suerte de lugar de peregrinaje para la mayoría de los hombres de letras a su paso por Lima. El escritor los recibía con su tradicional bonhomía. Pero ese despacho fue también el centro desde el cual tejió y mantuvo una extensa red de corresponsales a lo largo y ancho de la república de las letras hispánicas. No menos interesante es su faceta como editor de manuscritos históricos y literarios de la época colonial. A lo largo de su carrera literaria, Palma se sintió atraído por la historia. Desde joven había cultivado la poesía, la dramaturgia, el periodismo y los hechos del pasado. Incluso llegó a publicar dos opúsculos sobre la Inquisición y la época de la Independencia, pero sin mucho éxito. Palma nunca fue un historiador, pero siempre acudió al pasado como fuente de inspiración de su extensa obra literaria (Loayza, 1974, pp. 92-97). Su vocación por la divulgación lo llevó, entre 1886 y 1904, a dar a conocer algunos de los manuscritos más valiosos existentes en la reconstruida Biblioteca Nacional: la Flor de Academias y el Diente del Parnaso, de Juan del Valle Caviedes; la Descripción del Perú, de Tadeo Hanke; los Anales del Cuzco, 1650-1750, de Diego de Esquivel y Navia; y las Memorias histórico-físico-apologéticas de la América meridional, de José Eusebio de Llano Zapata. El interés por la divulgación histórica explica su participación en la publicación de la Revista de Archivos y Bibliotecas Nacionales, en la que se transcribieron documentos procedentes del Archivo Nacional y de la Biblioteca. Asimismo, Palma fue editor de las obras de dos contemporáneos suyos: los Apuntes históricos del historiador Manuel de Mendiburu, y los Artículos y comedias del dramaturgo Manuel Ascencio Segura. Esta política de publicaciones, inspirada en otras similares del mundo americano y europeo, buscaba dar una dimensión internacional a la Biblioteca Nacional y servir de vehículo de propaganda de esta institución. 48
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