Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

peruana y del periodismo, siempre en clave jocosa: «La política es una hoguera en la que el que no se abrasa se chamusca por lo menos» (2005, II, p. 234). Le recordó que en sus años juveniles, cuando ejercía de periodista de oposición, fue víctima de encarcelamiento y persecución. «Hoy —prosiguió— desencantado de la política, vivo solo para las letras. Los redentores políticos y sociales están condenados a la crucifixión». Y concluyó con una sentencia: «No es ya envidiable la misión de Cristo» (2005, II, p. 234). A fines de la década de 1890, Francisco Mostajo tuvo la iniciativa de proponer la coronación de Palma en reconocimiento a su condición de hombre de letras y a su labor como director de la Biblioteca Nacional. El escritor, enemigo de todo tipo de homenaje público, declinó la propuesta en los siguientes términos: «Quiero seguir tranquilo en mi apartamiento de todo lo que signifique ruido y oropel y bambolla, sin despertar envidias ni murmuraciones» (2005, II, p. 251). Una vez más, volvió a expresar su opinión poco favorable de la política nacional y de la indiferencia gubernamental por el trabajo realizado: «Yo soy un hombre desencantado, mi señor don Francisco, y desencantado desde hace pocos días. Alimentaba la ilusión de que, por lo menos, la gratitud nacional acompañaba al hombre que sin gravamen para el empobrecido tesoro del Perú ha formado una biblioteca valorizada en medio millón de pesos». Para fundamentar su rechazo a cualquier tipo de homenaje, le recomendó consultar el diario de debates correspondiente a las últimas sesiones de la Cámara de Diputados, «y dígame después si puede aspirar a la menor ovación el hombre tan desdeñosamente tratado por una rama del poder legislativo de su patria». Le reiteró a Mostajo que desistiera de su proyecto: «Déjeme Usted quieto y sin aspiraciones servir al país en mi humildísima posición de bibliotecario» (2005, II, p. 251). Numerosas fueron las oportunidades en las que Palma expresó que sus ocupaciones al frente de la Biblioteca le permitían sustraerse del tráfago de la política; y no dejó pasar la oportunidad para recomendar a otros su experiencia personal. Así, en una carta a Francisco Gavidia, director de la Biblioteca Nacional de El Salvador, le dijo: «Por el apunte biográfico del cuaderno 71 he adquirido la noticia de que Usted está al frente de la Biblioteca Nacional de esa república. Que sea por muchos años, compañero, y que cobre Usted tanto amor por la Biblioteca que alcance a olvidar la política que tantos sinsabores hace cosechar» (2005, II, p. 377). Y, siempre en tono jocoso, aludió con complacencia a los beneficios de su 47

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