mamotretos y pergaminos, empeñándome en resucitar la Biblioteca destruida por un acto de salvajismo chileno, creo servir a mi país más útilmente que en la prensa o en el parlamento», afirmó. Anotó, además, que algunos amigos y miembros del gobierno habían propuesto su candidatura para una de las diputaciones vacantes; pero que, aunque les había manifestado largamente su deseo de no participar, temía verse «metido en el fuego». Le pidió que implorara por que su candidatura fuera derrotada, a fin de que nada lo distrajera y pudiera seguir «consagrando lo poco que de actividad y de inteligencia queda aún en mí al servicio de la Biblioteca» (2005, I, p. 271). En el contexto que siguió a la guerra civil entre los generales Iglesias y Andrés Avelino Cáceres, Palma, partidario y amigo del primero, se encontró en una situación difícil y vio peligrar su futuro en la biblioteca. Una vez más, en una carta a Riva Palacio le expresó que «el nuevo gobierno no me molestará en mi puesto de bibliotecario; pero temo que retirando toda protección a la Biblioteca, me ponga en el compromiso de renunciar». Y prosiguió en tono pesimista: «La Biblioteca (creación del gobierno que cayó) no es simpática a los hombres de hoy, si bien al bibliotecario le dispensan, a más no poder, consideraciones personales» (2005, I, p. 276). No obstante sus preocupaciones, el escritor fue ratificado en el cargo por el general Cáceres. Tiempo después, en 1888, un amigo de Palma, miembro del gobierno del general Cáceres, cuyo nombre no declara el escritor, lo propuso para el cargo de secretario en la embajada en Madrid. Sin embargo, Palma no aceptó por considerarse de los no próximos a dicho gobierno. En otra carta a Riva Palacio, le confesó: «Fui muy amigo personal del general Iglesias, y por esa circunstancia se me trata con frialdad» (2005, I, p. 358). Y reiteró su vocación de seguir trabajando en la biblioteca y permanecer al margen de la política: «Alejado como vivo de la política militante, ocupándome solo de servir a mi patria en la formación de la Biblioteca Nacional, no quiero ni me conviene posición en la que tenga que estar en relación inmediata con los hombres del poder». También le contó que había recibido de algunos ciudadanos del departamento de Loreto la invitación para representarlos en el Congreso, pero que les había escrito «rogándoles que me dejen tranquilo entre la polilla y los pergaminos. Ya no soy hombre para las luchas de partido» (2005, I, p. 358). Años más tarde, en 1896, en una carta al escritor y periodista mexicano Victoriano Agüeros, le confesó las razones de su alejamiento de la política 46
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