Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

En el rubro de obras antiguas y valiosas, Palma adquirió las Antigüedades Peruanas, de Mariano de Rivero, «con un valioso tomo de grabados», así como textos de Pablo de Olavide y Rodrigo Valdés, cuya inclusión en la Biblioteca Nacional juzgaba indispensable (Palma, 2005, I, p. 261). Durante su permanencia en España en 1892, Palma aprovechó para coordinar nuevas adquisiciones para la biblioteca y obtuvo con sus propios recursos el manuscrito de las Memorias histórico-físicoapologéticas, de José Eusebio de Llano Zapata (Palma, 2005, II, p. 128). En los años siguientes, persistiría en su pesquisa de obras de interés histórico. «Hasta ahora —le escribió al presidente Nicolás de Piérola en 1896— no se ha resuelto un oficio mío en que pedía al gobierno me autorizase para adquirir un manuscrito y varios libros entre los que está un ejemplar de las Memorias de García Camba con anotaciones manuscritas del general Gascón». Y añade: «Pida Usted mi nota y el catálogo impreso que la acompaña, y estoy seguro que, persuadido Usted de la conveniencia de adquirir esos manuscritos, por lo que al país interesan, decretará favorablemente» (Palma, 2005, II, p. 231). Palma puso especial empeño en reconstituir el fondo de manuscritos de importancia para historia nacional que atesoraba la Biblioteca Nacional desde antes de la guerra; lo hizo por medio de la extracción de expedientes del Archivo Histórico Nacional12. Esto, junto con la adquisición de manuscritos y obras valiosas mediante compra y traslado, pone de manifiesto la voluntad de Palma de convertir la biblioteca en un espacio privilegiado para el lector culto y el investigador de su tiempo. El escritor no concebía la idea de convertir la biblioteca en una institución realmente pública, orientada a todo tipo de lectores, tal como se puede leer en un extenso informe que en marzo de 1888 dirigió a Arturo García, ministro de Justicia e Instrucción. Reconstruyamos los hechos. El 3 de marzo, la Dirección General de ese Ministerio le ordenó a Palma disponer que la biblioteca atendiera al público desde las ocho hasta las once de la mañana, y desde el mediodía hasta las cinco de la tarde. Palma presentó varias objeciones a esta orden. En primer lugar, adujo que durante la mañana no era posible atender al público porque ese momento del día se destinaba al aseo del local. En segundo lugar, recordó que a los empleados se les adeudaba diez meses de sueldo. Y, en tercer lugar, sostuvo que llevar a cabo la limpieza durante la noche exponía a la biblioteca a un incendio debido al recalentamiento del sistema de iluminación. Palma adjuntó un extenso memorándum, donde expuso con más detalle otras 39

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx