geografía, ingeniería, literatura, historia, política, filosofía, entre muchos otros. No hubo por parte de Palma una política definida de adquisiciones. Buscó conformar un fondo bibliográfico muy amplio, aunque con frecuencia eran sus propios intereses literarios e históricos los que primaban a la hora de hacer los pedidos. Así, en una carta a Victoriano Agüeros, suscrita en 1896, al tiempo que le agradecía haberle informado de escritores mexicanos desconocidos para él, Palma se quejaba de que entre México y el Perú haya más alejamiento que con el Japón; y le decía que gracias a Vicente Riva Palacio y Francisco Sosa había podido enriquecer la Biblioteca Nacional con más de trescientos volúmenes de escritores mexicanos. Y añade: «No olvide Ud. la promesa que me hace de enviarme libros de sus compatriotas. Por el momento le pido las poesías de un señor Flores en la que me dicen que hay un prólogo de Altamirano, en el me consagra algunas palabras de benevolencia que yo agradezco» (2005, II, p. 234). Palma también se interesó en la adquisición de bibliotecas que hoy llamaríamos especializadas y en obras de especial valor histórico. La solidaridad de algunos allegados permitió que, mediante una suscripción, en 1884, adquiriera la biblioteca del escritor y político Fernando Casós. Se trataba de una colección de cerca de 2000 volúmenes encuadernados y en buen estado de conservación: «solo la colección de Diccionarios, los treinta y tres tomos de El Monitor Francés, los quince de El Peruano y Registro Oficial y la Colección de leyes, de Quirós, representan los 791 soles pagados. A mi juicio —escribió Palma—, el doctor Casós no pudo gastar menos de quince mil soles de plata en la formación de su escogida librería» (2005, I, p. 262). Cinco años más tarde, la biblioteca del diplomático e historiador Mariano Felipe Paz Soldán, por compra del gobierno, pasó a integrar los fondos de la Biblioteca Nacional, según informó (2005, I, p. 367). Como no era posible que todos los libros fueran ingresados, Palma decidió que los duplicados fueran distribuidos a otras bibliotecas, como la de la Universidad de San Marcos, las departamentales y la del Centro Militar: «Lo importante en esta adquisición ha sido los estuches conteniendo los manuscritos, los volúmenes de papeles varios y las colecciones de periódicos. En cuanto a los libros, poco menos de 300 han sido novedad para el catálogo» (1892, p. 7). En 1898, la extraordinaria colección de impresos coloniales y republicanos que había pertenecido al historiador Félix Cipriano Coronel Zegarra también pasó a enriquecer los estantes de la Biblioteca Nacional (Durand, 1972, p. 243). 38
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