Culto y Beneficencia en el que dio cuenta del estado en que encontró el local de la institución a su cargo. La descripción, bastante detallada, era más que sombría: los libros habían sido extraídos para ser llevados a Chile, el mobiliario era casi inexistente y el local se hallaba bastante desaseado al haber sido utilizado como caballeriza por la soldadesca chilena. «De los cincuenta mil volúmenes impresos que existían en ella, no llegan a un mil los que quedan esparcidos por los cinco salones que ocupaban. De los manuscritos, entre los que había no pocos de los siglos XV y XVI no se encuentra uno solo, como tampoco ninguno de los mapas de la colección geográfica», escribió (Durand, 1972, pp. 36-37)10. La tarea de Palma al asumir la dirección de la biblioteca era enorme. Se sirvió de diversos medios para conseguir libros: el canje, la compra, pero sobre todo —por la penuria económica— la donación. También se dedicó, como él mismo lo señaló, a recorrer las pulperías de la ciudad para recuperar libros y manuscritos vendidos por los soldados chilenos a los pulperos, necesitados siempre de papel para usarlo como envoltorio. Algunos manuscritos conservados en la actual Biblioteca Nacional ostentan la anotación de Palma que da cuenta de la fecha y circunstancias de su rescate11. También fue posible repatriar libros desde Chile (Durand, 1972, pp. 94-95). Una de las preocupaciones centrales de Palma fue la de adquirir obras antiguas y modernas para la biblioteca. Son muchos los testimonios documentales al respecto. Por ejemplo, en 1884, le manifestó a Manuel María del Valle, director de El Nacional, lo siguiente: «Quedan en mi poder 95 soles plata y 750 soles billetes, que me propongo aplicar exclusivamente a la compra de folletos de interés histórico, político, económico, científico y literario, publicados en el Perú» (Palma, 2005, I, p. 261). En junio de 1885, con no poco orgullo, le expresó al historiador mexicano Vicente Riva Palacio que «La Biblioteca sigue en progreso. En esta semana he recibido del Uruguay dos cajones de libros sobre historia, ciencias, administración y literatura de esa república» (2005, I, p. 275). Años más tarde, en una carta al historiador Antonio Rubió y Lluch, suscrita en 1900, anotó: «Yo recibo mensualmente para la Biblioteca de Lima, todo lo que en historia y literatura (sin excluir ramo del saber humano) aparece en Madrid. Fernando Fé es un agente activísimo para esto, y adivina lo que cree puede interesarme» (2005, II, p. 346). La lectura de los pedidos bibliográficos hechos por Palma a libreros y conocidos revela su interés por hacerse de obras sobre temas muy diversos: medicina, 37
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