Ilustración 2. Catálogo de la biblioteca central del penal de Libertad correspondiente a literatura francesa (p. 44). Fuente: Museo de la Memoria, Montevideo, Uruguay. Planteado así el panorama, llegar hasta Balzac o Dickens no fue difícil. Se sabía que eran lecturas recomendadas por el marxismo y de ambos existían muchos títulos. Solo había un paso de Balzac a Maupassant o a Zola antes de ingresar a la literatura francesa del siglo XX. Muy requeridos fueron La esperanza o La condición humana, de André Malraux, libros que se atrincheraron algún tiempo en las «bibliotecas de planchada». Sin embargo, Victor Hugo y Marcel Proust fueron oficialmente prohibidos sin que jamás se diera una explicación. La censura de estos autores causó a la vez asombro y repudio a los miembros del único organismo internacional de derechos humanos que ingresó a las cárceles de la dictadura uruguaya, la Cruz Roja Internacional, en su mayoría suizos y algunos franceses. La aceptación de la literatura norteamericana se explica no solo por sus brillantes autores sino también porque conocer a fondo la realidad social e histórica de la nación considerada como sede del capital financiero y del imperialismo era casi como un deber militante. John Dos Passos, Sinclair Lewis, Harper Lee, Erskine Caldwell, Howard Fast, James Baldwin, Carson McCullers, Jack Kerouac, John Steinbeck, William Faulkner y Ernest Hemingway estuvieron entre los más solicitados. A los venerados 376
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