la música, los libros de viajes y las matemáticas. La historia, lamentablemente, nunca dejó de ser una cenicienta que apenas se asomaba a la Revolución francesa o que, a nivel nacional, se detenía en los albores del siglo pasado. Según muchos testimonios, en los primeros tiempos lo más atrayente para quienes no eran lectores habituales, era la necesidad del entretenimiento, del pasatiempo útil en una cárcel donde el tiempo parecía transcurrir muy lentamente o no pasar nunca. Esa necesidad, sumada al «fantasma» del cierre de la biblioteca o de la desaparición o censura de libros, explica la demanda de volúmenes de gran extensión como Los miserables, de Víctor Hugo, La montaña mágica o Los Buddenbrooks, de Thomas Mann, Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne, o Guerra y paz, de León Tolstoi. Cada uno de esos textos aseguraba una semana o más de lectura. Así fue que muchos llegaron hasta la Biblia o el Quijote y, en algunos casos extremos, hasta el Ulises de James Joyce. Otra atracción surgió del acto de preguntarse sobre las propias circunstancias. Algunos textos como La casa de los muertos, de Fedor Dostoievski, El pabellón número seis, de Anton Chejov, o Desnudo entre lobos, de Bruno Apitz, fungieron como espejos de la propia cárcel, permitieron una reflexión profunda sobre el entorno inmediato y alumbraron variados matices de la realidad con la que se convivía. Situadas a medio camino entre la bibliografía correspondiente a una escuela de cuadros ampliada a la esfera de la cultura y una lectura amena y de profusa información, hubo tres obras que permitieron ordenar una gran masa de conocimientos a la vez que orientar hacia futuras búsquedas: la Historia social de la literatura y el arte, de Arnold Hauser —que en el catálogo figuraba solo como «Historia», sin el comprometedor adjetivo «social», y de la cual nunca hubo acceso al tomo III, que refiere a tiempos más recientes—; la Historia del cine mundial, de Georges Sadoul, y la Historia social de la ciencia, de John Bernal, algunas veces censurada y otras veces reingresada300. 375
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