esa época el siervo vivía bien porque tenía la protección del señor. Con la revolución francesa se «pudrió todo», según ellos. La «biblioterapia» reformadora incorporó no solo folletos y revistas de contenido antimarxista, antisemita y antiliberal, sino también la revista El soldado —de circulación interna en las Fuerzas Armadas—, apologías de los regímenes de Hitler y Mussolini y de estructuras corporativas de la economía, libros de doctrinas conservadoras de la Iglesia católica como los de San Agustín, etc. Según Sonia Mosquera (2006) se trató de un centenar de publicaciones (pp. 11-22). De inmediato, se activó la resistencia como una forma única de sobrevivencia: «Es muy interesante prestar atención a la conducta humana, cómo uno afina la percepción para buscar en esos cuadernos, esa revista que se llamaba El Soldado, donde ponían toda su información. Uno iba sacando y se le agudizan los sentidos», comenta una voz anónima. «No nos quebraron por eso […]. El preso político tiene una capacidad infinita de recuperación porque sabe lo que quiere», comenta otra (Fúster & Langelán, 2010, pp. 133 y 136). Esa «biblioteca del enemigo» —que en Punta de Rieles solo pudo imponerse por la ausencia de casi toda otra lectura— apenas tuvo cabida en el Penal de Libertad, donde, hacia fines de la década de l970, folletería propagandística de la Dirección Nacional de Relaciones Públicas — organismo creado por la dictadura uruguaya como servicio de propaganda — y algunos libros oficiales de la dictadura como La subversión: las Fuerzas Armadas al pueblo oriental y Testimonio de una nación agredida pasaron a formar parte del acervo bibliotecario. Solo el ingreso del Comité Internacional de la Cruz Roja permitió contrarrestar, en Punta de Rieles, el cuasimonopolio de la «biblioteca del enemigo»: «Después del 80, en que entró la Cruz Roja Internacional, nos llegaron muchos libros que mandaron ellos. Eran libros actuales. En mi sector, al menos, el bestseller era Yo el supremo, pero había que esperar mucho tiempo para que te tocara el turno y poder leerlo», agrega Fabbri. Como ella señala, recién en 1981 ingresaron unos dos mil libros que dieron fin a esa etapa. PENAL DE LIBERTAD La biblioteca de la «escuela de cuadros» en el penal de Libertad, tras el periodo de censura iniciado en 1974 con el cierre de la biblioteca central, 370
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