Biblioteca pudiera comprar «con prontitud las últimas publicaciones que haya, y que no se carezca, como ahora sucede, de las obras nuevas de más nombradía, y de otras que, aunque no tan recientes, son demasiado caras para que las compre un particular y que aquí no se encuentran a ningún precio» (Tauro, 1964, p. 88). El 17 de enero de 1879, Mariano Felipe Paz Soldán, por entonces ministro de Instrucción, dispuso la formación del catálogo de la Biblioteca Nacional; para ello elaboró unas instrucciones muy detalladas y encargó su ejecución a Manuel González de la Rosa y José Toribio Polo (González de la Rosa, 1880, p. 132). Este último, a los seis meses de su nombramiento, renunció por desavenencias con González de la Rosa, quien prosiguió la tarea. En febrero de 1880, este informó a Paz Soldán del avance de la tarea encargada: «El catálogo en su parte principal está concluido; que solo faltan los libros truncos y casi inservibles», escribió. Añadió que quedaban por clasificar en orden alfabético y temático 23 079 papeletas descriptivas de los libros y, que concluido ello, podría imprimirse el catálogo. Precisó que, siguiendo las instrucciones de Paz Soldán, «no se ha cuidado de la colocación, ordenada o no que tengan los libros en los estantes, ni muchos menos se ha soñado en arreglarlos por tamaños». Alguna premura por parte del gobierno parece haber existido para la realización del catálogo, porque González de la Rosa precisó que, para ganar tiempo, los libros habían sido catalogados tal cual estaban en los estantes (p. 132). En vísperas de la ocupación chilena de la capital, si hemos de dar crédito al testimonio de Odriozola, las colecciones de libros lucían ordenadas al estar colocadas en estantes; no obstante ello, la biblioteca debía parecer más una suerte de depósito y museo de impresos que una institución destinada al uso de los lectores. Palma llegó a describirla como «un hacinamiento de libros, colocados sin concierto e invadidos por la destructora polilla» (1892, p. 4). Solo atendía cuatro horas al día, y su fondo bibliográfico estaba constituido en su gran mayoría por obras de los siglos XVI, XVII y XVIII, procedentes de las bibliotecas de las órdenes religiosas. LA BIBLIOTECA ILUSTRADA El 31 de octubre de 1883, pocos días después de que el ejército chileno de ocupación abandonara Lima, Odriozola, el director de la Biblioteca Nacional, redactó un informe dirigido al ministro de Justicia, Instrucción, 36
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