cuando surgió el Establecimiento Militar de Reclusión N° 2 (EMR 2)289. «De enero del 73 a junio es una etapa que podríamos llamar light. Si bien estábamos incomunicadas entre los sectores esto no era absoluto ya que teníamos una quinta y un taller donde nos encontrábamos presas de diferentes sectores [...]. Libros teníamos de todos los colores y también algunos clandestinos escritos en hojillas de fumar que habían dejado los compañeros de regalo cuando los trasladaron para Libertad», recuerda Lía Maciel290. Sus palabras trazan un puente entre el periodo masculino y el femenino de la cárcel política de Punta de Rieles. En esta cárcel, «había una biblioteca en donde estaban centralizados los libros. Tenías que hacer el pedido semanal. Había un catálogo y pedíamos libros y revistas. La colección envejeció porque no entró un libro en años», señala una voz anónima (Fúster & Langelán, 2010, p. 132). A esta se le suman los recuerdos de Ana Luisa Valdés291: Las bibliotecarias de Punta Rieles éramos Catalina García, que ya murió, y yo. Nos dieron esa tarea porque leíamos todo el tiempo y pedíamos libros a los otros sectores (estábamos incomunicadas las unas de las otras). Te hablo del tiempo desde enero del 1973 cuando llegamos al penal hasta el golpe de junio en donde el comandante Orozco, jefe del penal, decidió que teníamos demasiados libros y que muchos eran incorrectos. Llegamos a tener más de mil libros, la mayoría mandados por nuestras familias. Había de todo, desde el Poema Pedagógico de Makarenko hasta Garabombo el Invisible de Manuel Scorza. Además de Proust [...]. Mi primo, que es Pablo Galimberti, el obispo de Salto, me hizo llegar de contrabando un libro escrito por Viktor Frankl desde su experiencia de un campo de concentración alemán, Un hombre en busca de sentido. Entre los sectores se iba rotando la prioridad para acceder a los libros. Lo que recuerdo es que todo el mundo se enloquecía por leer a Pichon-Rivière, y se ve que esa lectura marcó porque muchas compañeras después hicieron la carrera de Psicología. La de Pichon-Rivière era una visión de la Psicología Social orientada más hacia la izquierda (Fúster & Langelán, 2010, p. 132). El «periodo de esplendor» fue muy breve en Punta de Rieles. La llegada del comandante Orozco, y sobre todo del comandante Barrabino, consolidaron el proyecto de cárcel de la dictadura y fueron el equivalente a la llegada de Arquímedes Maciel al penal de Libertad. Hasta ese momento, libros y revistas que llegaban al penal pasaban, por supuesto, por la censura, por ejemplo, el Quijote no entraba porque «le gustaba guerrear mucho», textuales palabras. Pero cuando había algún periodo de «apriete», cuando había algún hecho en el interior y ellos reprimían de forma masiva, lo primero que te retiraban 366
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx